Ese leve calorcito cosquilleante que había invadido el cuerpo de Asher antes de quedarse dormido, lento y silencioso, fue empeorando sin que el humano se diera cuenta. Para el momento en que su cerebro volvió a funcionar correctamente, Asher inmediatamente sintió que algo era diferente en él. Y no se trataba solamente ese calorcito picante y cosquilleante, viajando específicamente en sus zonas inferiores, como si se sintiera caliente, cachondo, como si necesitara con urgencia una polla llenando su entrada y una boca o mano alrededor de su doloroso eje. No, no se trataba de eso. Lo que Asher sentía diferente, era un peso en su pecho, que se sentía cálido y reconfortante. Eran aquellos sentimientos ajenos, que estaban viajando libremente hacia el humano debido al lazo, a su enlace empátic

