Ignorando al otro personal en la comisaría, el lobo alfa fue directamente con su amigo. —¿Qué ha sucedido? —cuestionó una vez estuvo frente a él—. ¿Ya lo han interrogado al respecto? —Sí, pero niega todo lo que dicen —anunció Luther. —Por supuesto que sí —resopló Caden. Moviendo su cabeza, ambos comenzaron a internarse en la comisaría, caminando como si estuvieran en su propia casa. —¿Qué sucede con la cámara y su computadora? —indagó. —Acepta que la computadora es suya, pero niega que la cámara y el micrófono lo sean —contestó—. Con la orden, los detectives tienen el poder para entrar y registrar todo, pero obviamente el desgraciado la tiene con contraseña y se niega a entregarla. El computador tiene aquel programa que se bloquea completamente tras equivocarse dos veces, por lo que

