Caden siempre había disfrutado del silencio al trabajar en su oficina, pero en ese instante, sentado en la cómoda silla frente a su escritorio, tanto él como su lobo se encontraban totalmente en paz y felices con su pareja sentado cómodamente en su regazo, tarareando alegremente una melodía desconocida en lo que miraba unas revistas. Todo se sentía tan natural, tan cómodo y perfecto, que el hombre lobo simplemente no podía ocultar la sonrisa en su rostro por más que intentara hacerlo. Era feliz. Él y su lobo se sentían tan completos, satisfechos y felices, como nunca se habían sentido, y todo gracias a su hermoso cantante. Quitando la mirada un segundo de los documentos que tenía frente a él entre sus manos, Caden giró su rostro y arrastró sus labios por el contorno de la mandíbula de s

