Capítulo X.
Ataque sicario.
-Van 3 veces en la semana que invadimos el territorio enemigo. –le dice el Gato al Mataperros.
-Ni modo compañero, nuestros futuros clientes viven en un lado de la ciudad y tienen sus negocios en nuestro territorio.
-Mientras no se den cuenta los del cártel de Anzaldúas. –dice el Gato. -Lo bueno es que ya vamos de salida.
Y tomaron por la Avenida Espuela, una amplia avenida que conectaba el bowlevard Colosio con la colonia petrolera, eran las 12 del día de aquel lunes de Febrero aún y Billy Rojo salía de la colonia petrolera en su taxi, después de dejar un servicio, cuando al dar vuelta para agarrar el bowlevard Álvaro Obregón, para tomar la avenida Espuela, con rumbo al bowlevard Colosio, miró una vez más a aquel carretón de los perros contentos circulando normalmente por la derecha lo más pegado al acotamiento, y como acción protectora, encendió sus direccionales, tal vez innecesariamente porque el tráfico era escaso, pero más que nada para rebasarlos lentamente y así admirar una vez más al precioso equino que lo jalaba, pero al ver a una pick up que venía por el carril contrario de la avenida Espuela, se colocó por detrás del desvencijado vehículo, para esperar a que pasara y poder hacer el rebase.
- ¡Mira pareja, a eso le llamo yo buena suerte!
Dice el mataperros al ver el carretón de los perros contentos y sacando su escuadra 38, bajó el vidrio de la ventana.
- ¡Espera Sergio! Yo sé que te encanta matar perros; ¡Pero no puedes agarrarte a dar de tiros en esta zona! Se trata de pasar desapercibido.
Dice el Gato tratando de impedir el movimiento de su compañero.
- ¡Solo unos cuantos tiros compañero! Esta ciudad ya necesita una limpia de tantos perros callejeros.
Dice Sergio Juárez, pero Billy miró preocupado a la camioneta de lujo que venía a alta velocidad y pensó.
- ¡Ojalá y este wey no atropelle a ningún perrito!
Y no pudo más que observar como aquella camioneta pick up roja de lujo, que venía a gran velocidad, desaceleró hasta detenerse y dando la vuelta en “U” quedó de costado y la ventanilla del copiloto quedó de frente al carretón, dándole una excelente posición de tiro al mataperros, que indolente y divertido disparó hacia el carretón, bueno no hacia el carretón en sí, si no hacia los perros que desprevenidos emprendieron la huida siendo alcanzados un par de ellos cayendo fulminados, uno de ellos se quejaba lastimeramente, y el conductor del carretón detuvo su marcha sin levantarse del asiento, aunque Billy no pensaba intervenir, cegado por la furia y sacando la cabeza por la ventanilla de su taxi, le gritó:
- ¡PONTE CON ALGUIEN QUE SE PUEDA DEFENDER, ANIMAL!
Y activó el claxon pitando 3 veces; Sergio Juárez volteó a ver a quién le había gritado pitándole y abrió la puerta para dirigirse amenazante hacia Billy, los demás carros que venían por la avenida se detuvieron en ambos carriles.
Y algunos se regresaron al ver al agresivo tipo que, con el arma en la mano, caminaba hacia el taxi, cuando nadie daría un centavo por la vida de aquél taxista, y Billy sabía que no tenía manera de defenderse de aquel hombre de mirada violenta, que no se tentaría el corazón para matarlo, así que lo esperó tranquilo y listo con la mano en la manija de la puerta de su vehículo, pensando a mil por hora en cómo salir de ese problema.
- ¡¿A quién le pitas, perro y a quien le dijiste animal?!
Dice el mataperros, ya levantando el arma para dispararle a través de la ventanilla, pero Billy reaccionó justo a tiempo y abriendo sorpresivamente la puerta, lo golpeó en el brazo desviando el disparo y sin dejarlo reaccionar, se bajó rápidamente para quitarle el arma; Sergio perdió un par de segundos el equilibrio pero logró mantenerse en pie, pero ya no pudo quitarse de encima a aquel hombre alto que con sus enormes manazas ya lo tenía dominado y fácilmente le había quitado el arma, tirándola hacia el pastizal.
- ¡A ver si así sin armas eres tan machito! A ver; ¿Qué te hacen esos pobres animalitos?
Dice Billy ya habiéndolo derribado de un empujón y un par de patadas; el mataperros se levantó furioso pero al medir a Billy, sabía que a golpes no iba a poder con él, para eso ya el Gato se había bajado de la camioneta y cortaba cartucho con una escuadra en su mano; Billy lo vio llegar y de inmediato supo que con ese enemigo de furiosa y verde mirada, tampoco iba a tener ninguna oportunidad, mientras lamentaba haber lanzado el arma de su enemigo tan lejos en el acotamiento.
El conductor del carretón de los perros contentos ya se había bajado, y cuando Billy miraba hacia todos lados, pensando a mil por hora en la manera de salir de aquel problema, donde otro sicario asesino ya caminaba hacia él apuntándole con un arma, se escuchó una serie de disparos y el rugir del motor de una camioneta que se acercaba rápidamente por la avenida; Billy aprovechó ese par de segundos para ocultarse en la parte de atrás de su taxi, intentando vivir otro par de segundos, el Gato hizo un par de disparos al vehículo sin lograr darle y dudando otro par de segundos, tuvo que regresar a la camioneta mientras el mataperros ya también abría la puerta del copiloto, pero antes de subir le hizo una señal a Billy poniendo sus dedos índice y medio hacia sus ojos, para dirigirlos hacia él, como diciéndole: “Ya te vi y te tengo ubicado” Antes de salir quemando llanta para escapar de aquella unidad del cártel de Anzaldúas, que ya se había lanzado en su persecución.
Billy suspiró aliviado ante la repentina manera de salvarse, y se acercó a su taxi sin preocuparse mucho por los disparos que le habían tocado, sacó la cajetilla de cigarros y dándole una gran bocanada con el cigarrillo en sus temblorosos dedos, aún nervioso se dirigió hacia el conductor del carretón de los perros contentos, que ahora ya no se miraban tan contentos, el tipo, casi tan alto como él, ya recogía los cuerpos del perro que había caído fulminado, un perro blanco, con el porte parecido al de un labrador, y Billy, sin inmutarse levantó al otro perro, que aunque no parecía ser de r**a fina, se veía muy bien alimentado y en forma, se quejaba lastimeramente habiendo recibido un par de balazos en el costado, y lo llevó hacia el carretón, ya cuando se acercó con el perro herido en brazos hacia el tipo alto.
Claro, no tan alto como él, se lo recibió en brazos para acomodarlo entre los montones de basura junto con el otro perro, que al parecer ya estaba muerto.
-Si gustas amigo, yo tengo un amigo veterinario que puede atender a tus perros. –le dice Billy.
- ¡Gracias!
Le contesta el carretonero mirándolo con agradecimiento, con una voz entre nerviosa y furiosa, mientras y sin decir nada más, ágilmente abordó el carretón y azuzando al caballo, se alejó, aunque no le pudo ver el rostro porque lo tenía encapuchado, un par de ojos verdes en una linda y esquiva mirada de agradecimiento y su tono de voz, le indicaron que aquel alto personaje que cubría su rostro con una gruesa bufanda, su cabeza con un gorro y su cuerpo con gruesos y pesados harapos, era una mujer, una muy alta y extraña mujer.
Billy miró pensativo al rustico vehículo mientras se alejaba, dando una vuelta para salir de la avenida hacia una colonia aledaña, y apagando su segundo cigarro, abordó su taxi para dirigirse con rumbo a su colonia, para llevarlo a algún taller mecánico que le reparara los daños causados por los disparos, pensando que lo mejor era irse a descansar y pensando a la vez en que la había librado apenas por un pelito, pero como no conocía a ningún hojalatero de confianza, le llamó a su amigo Víctor Laurencio, el chofer de la unidad 038, que terminó por llevarlo con un hojalatero de su confianza, y luego lo llevó a su casa.
- ¡A que 042! En qué problemas te metes tan solo por unos perros contentos.
Le dice Víctor después de escuchar sus aventuras.
En otro lado de la ciudad, el Gato y el Mataperros habían logrado escapar de sus perseguidores, y abandonando la balaceada camioneta de lujo de la cual habían despojado a un anciano para ocuparla en territorio enemigo, abordaron su Tahoe negra para dirigirse hacia su cuartel general.
- ¿Apuntaste el número del taxi? –le pregunta Sergio a Arturo Book.
- ¡Si apenas tuve tiempo de sacarnos de ahí! –contesta el Gato. –Ya mero me iba a estar fijando en el seboso ese o en su taxi.
-No importa ya, ya nos toparemos otra vez ese Pointer, no creo que ese perro se me olvide si lo vuelvo a ver. –dice el mataperros.