POV Antonella (Ebria)
Este hombre es fuego y yo estoy dispuesta a que me consuma entera. Por primera vez en mi vida me arriesgo a ser la primera en dar el paso y que maravilloso resultado.
¡Nos importa un carajo quien nos pueda ver!
Apenas se cerraron las puertas del elevador este hombre atacó mis labios con desespero y sus manos recorrieron todas mis curvas. Que tonta fui al pensar que su roce era electrificante ¡Esto si es electrizante!
Sus manos viajan a mis glúteos y los sostiene con potencia, solo bastó con que el pitido del elevador se activará al abrir sus puertas para que este hombre me alzara como si fuera un peluche y enrollé mis piernas en su cintura.
No sé cómo hizo, pero abrió las puertas de su suite con tanta agilidad que me sorprendió cuando sentí la suave tela de la cama a mis espaldas.
Soltó mis labios y me observó a los ojos con tanto detenimiento que ambos nos embelesamos con el brillo de los ojos del otro. Sin controlar mis manos acariciaron su cabello y su gesto me reveló que lo disfrutaba.
—Eres hermoso.
Noah abrió sus ojos y me respondió.
—Tú también lo eres. Tu sonrisa es encantadora.
Era la primera vez que alguien me decía algo halagador, se sentía bien… Muy bien, era algo tierno, algo… Bonito.
Ahora soy yo quien lo beso. Esa era mi respuesta a sus palabras. Noah me besa con calma, cómo si nos estuviéramos cocinando a fuego lento. Nuestras manos viajan furtivas en el cuerpo de otro.
Pensaba que estaba volando, pero una vez que sus manos se colaron con experticia en mi centro, di un brinco involuntario de placer. Sus dedos se movían en círculo por mi clítoris con tanta delicadeza que de mi boca comenzaron a salir sonidos extraños que me dejaban avergonzada. Me tapé mi boca de inmediato, no quería que me escuchará.
—¡Ey! ¡Porque haces eso! No, quiero escuchar cada uno de tus gemidos. Me pertenecen.
Noah quitó las manos de mi boca y les llevó por encima de mi cabeza y las mantuvo cautivas mientras sus dedos seguían jugando con mi centro y mirándome con sadismo mientras que yo enloquecía con todo lo que me hacía.
Estaba siendo penetrada por sus dedos, la primera vez me incomodó un poco, pero luego todo era placer, no sé cómo hacía pero lograba penetrarme y estimular mi clítoris al mismo tiempo ¡Y con una sola mano!
Olvídense de la pena, ya para este punto me tenía gimiendo como una puta en celo. Mi espalda se encorvaba del placer y por nada del mundo quería que parará.
—¡Ni se te ocurra parar! —le exigía cuando sentía que bajaba la intensidad.
—Humm que divino. Una mujer que sabe lo que quiere. Así que… te gusta esto.
Noah comenzó a hacer vibrar su mano con sus dos dedos dentro de mi. La sensación era tan fuerte que un grito me desgarraba la garganta. El placer fue más intenso cuando arrancó la parte de arriba de mi vestido y liberó uno de mis senos para así poder comérselo cómo si en verdad fuera una dulce.
Era el puto cielo y yo una simple mortal disfrutando de este placer. En un momento algo en mí se hacía más intenso, mis músculos comenzaban a contraerse y sentí como algo dentro de mi se liberó, como si de una explosión se tratase. Todo mi cuerpo comenzó a convulsionar recibiendo una enorme oleada de placer que me dejó completamente muda.
—Eso, minina, se le llama orgasmo. Y hoy… Hoy te daré muchos de esos.
La voz erótica de Noah me erizó por completo la piel. Me costaba coordinar, mi piernas se sentía débil, pero no necesité mucha coordinación con Noah quitándome el vestido y volviendo atacar mis labios y con sus manos recorriendo todo mi cuerpo.
Sus labios recorrieron mi cuello y fueron descendiendo con sumo cuidado hasta llegar una vez más a mi intimidad, que sí que estaba empapada.
—¡Vaya! Hasta tu v****a es adorable.
¡Dios mío! ¿Qué carajo pasa conmigo? Cómo es que estoy disfrutando que este hombre me tenga desnuda con las piernas abiertas, como rana en laboratorios, mientras que él contempla mi totico cómo si fuera una obra de arte. ¡Qué morbo! Y más morbo es cuando llevo una de mis manos y yo misma comienzo a complacerme para que él me vea.
—Si tanto te gusta, porque no te la comes.
¡¿QUÉ?! ¡YO DIJE ESO! ANTONELLA GUZMÁN ACABA DE DECIR ESAS COCHINAS PALABRAS.
¡Espera! ¿Por qué Noah sonríe como si fuera un cazador?
—Definitivamente sabes lo que quieres, señorita.
Sin dejar de verme a los ojos Noah se acerca a mi vulva y solo puedo enloquecer cuando siento su lengua lamerla.
¡Dios! Este hombre va acabar conmigo.
No puede ser. ¡No puede ser!.
Está pasando. ¡En verdad está pasando!
Así que es así cómo se siente. Todos estos años me perdí esto. ¿Cómo algo tan placentero puede ser considerado un pecado? ¿Y por qué dicen que duele la primera vez? Nada de lo que él me ha hecho me ha dolido, ¡Al contrario! Me ha llevado al cielo un sin fin de veces.
—¡Ah! ¡Dios! ¿Qué coño me estás haciendo? Me voy a volver loca.
Puedo sentir las vibraciones de su risa en mi clítoris; él vuelve a chuparlo con tanta delicadeza que siento que mi cuerpo entero se paraliza y alzo mis caderas de forma involuntaria.
¡Qué vergüenza! Yo no soy así.
—Mírame —me ordena y sin dudarlo obedezco.
Lo que consigo es una escena ridículamente excitante. Él sigue con su trabajo mientras que sus ojos están conectados a los míos. Sabía lo que hacía, lo que estaba provocando en mí; sus dedo entraba y salían de mi apretada v****a y con la otra mano estimulaba mi ano, al mismo tiempo que lamía con suavidad de mi clítoris, y si le agregamos a que esos ojos azules contemplaban como estaba totalmente desnuda y viendo como mi cuerpo acumulaba una vez más la tensión.
Todo esto es nuevo para mí, pero ¡Él!... Él sí que sabía lo que hacía conmigo y conocía a mi cuerpo muchísimo mejor que yo, porque en el momento que estaba experimentando una nueva sensación en todo el cuerpo, él aceleró sus embestidas con sus dedos y me dijo con voz ronca.
—Déjalo ir preciosa, dame ese orgasmo que me merezco.
Cómo si apretaran un interruptor, mi cuerpo comenzó a convulsionar y estallar en lo que para mí sería mi primer orgasmo ¡En la vida! Como lo oyen, ¡En la vida!. Mis gemidos me dejaron atónita, nunca pude contener algún ruido, solo grité como si alguien más controlara mi cuerpo. Una vez que sentí que caía en un estado de relajación masiva. Él se levantó y terminó de quitarse el bóxer, dejando al descubierto la razón por la que dicen que la primera vez duele.
—No te asustes —Dijo con una risa picarona y halando mis piernas ya que estaba a punto de huir en ese momento. Me atrapó al dejar caer todo su cuerpo sobre mi—. ¡Ey! Calma. Me asegurare de que no te duela. —Acarició mi cabello y dejó un beso húmedo en mi cuello—. Lo que voy hacerte nunca lo podrás olvidar. Te recompensaré por darme algo tan preciado como tu virginidad, Antonella. —besó mis labios y acariciaba mi cuerpo haciendo que me relajara una vez más. Podía sentir a su potente amigote rozando sobre mi húmeda intimidad—. No te prives de gritar, tus gemidos son los más hermosos que he escuchado. Me tienes loco, ¿sabes?. Ya no aguanto más las ganas de entrar en ti.
Pude sentir como su cabeza comenzaba a penetrarme, de inmediato me tensé, pero él me besó para relajarme, sus manos magreaban mis senos excitándome nuevamente.
—Eres una delicia.
Una vez más empujó su pene en mi interior y a la vez lo volvía a sacar para entrar suavemente. En ningún momento dejó de mimarme y decirme cada cosa que me humedecida más de lo que podía estar.
—¿Te duele?
—Un poco, pero no quiero que pares.
Besó mis labios con tanta dulzura que incluso me asustó.
—Pues ahora, Antonella, sabes de primera mano lo que es hacer el amor.
Sin esperarlo, toda su longitud entró en mí robándome más que un gemido, un grito de placer, dolor y satisfacción. Me aferré a su espalda y creo que eso le dejará marca. Era oficial, ¡Había perdido mi virginidad!
—¡Dios santo! Eres divina Antonella.
Mi cuerpo se erizó aún más al sentir el calor de su boca en mi oído. El dulce beso que dejó en mis labios hizo que mi remolino de sensaciones se intensificará aún más. Sus profundos ojos azules me mantuvieron prisionera.
—Mírame… Nunca dejes de mirarme. Veme mientras te hago mía.
Noah recitó esas palabras como si de un conjuro se tratara, porque a partir de ese momento me perdí en su mirada. Me hizo el amor con tanta devoción. Cada estocada de él era más placentera que la otra. Lo que en un momento comenzó con dulzura, se volvió salvaje y desesperado… Lo morboso es que… Verlo transformarse como un lobo enfurecido me excitó aún más.
No mencionaré las poses tan morbosas que ese hombre me puso para penetrarme, solo diré que hasta los lugares más escondidos de mi cuerpo quedaron visibles ante él. En un momento, después de recibir un par de orgasmos más, me encontraba sosteniéndome con mi antebrazo y el con firmeza mis caderas para poder matarme de placer con sus estocadas cuando él encontró su liberación y me entregó el líquido de sus placeres.
Los dos caímos en la cama sudados y temblorosos. Fue lo más intenso que había experimentado en la vida y con gusto me encantaría repetir una y otra vez.