Los días que siguieron fueron de lo más extraños en el refugio. Nadie terminaba de comprender el papel que Carla jugaba allí. Era una mujer de hábito tranquilo, poco conversadora, con ideas de una libertad algo salvaje. Si bien Noah les había ofrecido una cabaña como al resto de los trabajadores, no era raro verla visitarlo a diferentes horas del día. Pintaba en cualquier sitio, en el comedor, en la selva, en medio del refugio. Nada parecía molestarle. Aaron en cambio había resultado un niño encantador. Si bien no solía sonreir con frecuencia, parecía disfrutar de su estadía. Pedro lo había invitado varias veces a jugar con él, pero aún no se animaba a hacerlo. Daba la impresión de que en el pasado despedirse de amigos le hubiera resultado doloroso y ahora ni siquiera se molestara a in

