El corazón de Zoe no podía latir con más velocidad. Todos sus temores se habían materializado en una lejana figura femenina. No tenía idea de quién era esa mujer pero había conseguido que Noah se olvidara hasta de su propio nombre. Toda la alegría que guardaba de aquel día se le había escapado como arena seca entre los dedos. Sin querer observar aquel espectáculo se había retirado a su casa con la excusa del cansancio y con el correr de las largas horas la tonta idea de que Noah llamaría a su puerta también se esfumó. Se había recostado en su cama luego de una larga ducha, intentando que aquel peso liberara su pecho, pero su terca mente volvía a observar aquella foto que los encontraba juntos y como en una rueda sin fin volvía a sentirse sola. Entonces unos suaves golpes lograron q

