Como si existiera una especie de conexión invisible, con el amanecer del sábado Emanuel llegó al refugio junto a su mujer, su bebe de apenas 2 años y su cuñado, Sebastián. Tenían unos días de vacaciones y habían decido visitar el parque una vez más. Llegaron creyendo que sorprenderían a Noah y los sorprendidos terminaron siendo ellos. El hecho de ver a Carla, con algunas líneas nuevas en su rostro, puso en alerta a Emanuel, que en cuanto pudo, tomó a su hermano de brazo y le preguntó al oído conteniendo su estado de zozobra. -¡No me digas que volviste con esta mujer!- le preguntó intentando disimular mientras Barbara, su mujer, saludaba al resto de los que allí vivían. -No, pero tengo mucho que contarte.- le dijo con una expresión vulnerable que nunca había visto en su hermano. De

