Ajenos a la lluvia golpeando furiosa aquel refugio, el deseo inundó aquella precaria cabaña. Se olvidaron de todo lo que no fuera ellos mismos. Noah la había visto, tan pequeña, tan hermosa y tan inocente al abrir la puerta, que sólo deseaba abrazarla. Había intentado pelear para convencerse de que aquello estaba mal, pero sus ojos enormes hablaron con grandilocuencia para confirmarle que no sólo estaba feliz de verlo y una vez que alcanzó sus carnosos labios ya no quiso detenerse. Zoe recorrió su pecho con la yema de sus dedos, como si quisiera grabar en su memoria aquellos músculos fuertes. Aun con los pies en el aire, cruzó sus piernas alrededor de su cintura y la creciente erección se acomodó sin problemas donde más la anhelaba. Enredó sus dedos en aquel cabello aun mojado y prof

