30: Una recompensa inesperada

1517 Palabras

Podía ver el miedo en los ojos de los empleados, sabía bien que ellos pensaban que me iban a despedir y probablemente quedaría en la lista negra de muchas empresas. —Solamente estoy pagando con la misma moneda —lancé el dardo —¡Eso! Justo entre ceja y ceja. Bueno, en algo tengo que darte la razón. Es bastante satisfactorio. —No puedo creer que quieras resolver las cosas de esta manera. ¿Sabes qué? Estás despedida de esta empresa. —¿En serio? Perfecto, solo déjame cerrar los contratos que he conseguido y me voy feliz con mis comisiones. —No, estás despedida y punto. No tienes derecho a más comisiones. —¿Y cuándo me vas a despedir por ser tu esposa? Porque eso es peor de lo que muchos piensan. Tolerar tus ronquidos tanto por delante como por detrás es espantoso. —¡Yo no ronco por ning

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