4: Leito

1430 Palabras
Leonardo simplemente me ignoró por completo, no tenía ni media hora casada con él y ya me estaba arrepintiendo. — Anthony, ¿Qué tanto haces aquí? Recuerda que tenemos muchas cosas que hacer. — Leonardo, te recuerdo que te acabas de casar y debes ser amable con tu esposa. ¿En serio eres un hombre decente? — Leito — fui directo al brazo de mi esposo falso — él me quiere, es solo que se encuentra nervioso, ya que todo esto del matrimonio fue de repente, pero él es un amor total e incluso tengo que detenerlo porque tiende a ser muy empalagoso, solo que no delante de las personas. — ¿Leito? — él me miró con desprecio — ¿Qué crees que haces? — Por favor no hagas una escena aquí, tenemos que hablar. Hablé lo suficientemente bajo para que solo Leonardo me escuchará. Él pensó las cosas y después de varios minutos fue que accedió a hablar conmigo. — Anthony, lleva a la señorita De la Garza a su casa. Llevaré a mi amada esposa conmigo. Me sentí aliviada al escuchar esto, nosotros nos fuimos en carros separados y me despedí de Leane. — Prometo ir a verte cuando todo esté arreglado — la abracé muy fuerte — gracias por todo tu apoyo. Subí en el carro y miré el semblante serio de Leonardo, ni cuando me tocaba negociar con los tiburones más grandes me había sentido tan nerviosa como al lado del hombre que se supone que es mi esposo. Él subió la mampara del carro y esto nos dio más privacidad. Otra mujer en mi lugar estaría feliz, pero yo me encontraba como si fuera una niña que la van a acusar de algo grave. — Tienes dos minutos para convencerme — él miró su reloj — a partir de este momento. — ¿Qué has dicho? — Él no respondió y solo le dio pequeños golpes a su reloj — ¡Está bien! Escucha, tenemos que actuar como un matrimonio normal delante de todos los demás. Bien sabes que te quieren casar con alguien y si esta persona se da cuenta de que solo somos un matrimonio de apariencia, es casi seguro que te va a presionar hasta volverte loco para que te divorcies de mí. El tiempo alcanzó con exactitud, Leonardo me quedó mirando de pies a cabeza. Demonios, detestaba que hiciera eso, sus ojos eran capaz de ponerme demasiado nerviosa. — Muy bien, me has convencido. — ¿Qué? — lo miré con la boca abierta — ¿Es en serio? — Sí, serás mi esposa con todas las de la ley. Pero antes te quiero hacer una pregunta, ¿Segura que eso es lo único que deseas en mí? Valoro mucho la sinceridad y si tienes algo que decir, es tu oportunidad. Quería decirle todo sobre mi plan de venganza, pero era casi seguro que él me iba a mandar al demonio en cuanto supiera que quería destruir por completo a su amado sobrino. — Sí, eso es lo único que quiero. Tengo mucha necesidad y a tu lado estoy segura de que tendré lo que se requiere para poder vivir, pero no te preocupes que voy a buscar trabajo enseguida. — Muy bien. Esas dos palabras estaban cargadas de tensión, pude sentir que la temperatura descendió varios grados y esto que el aire acondicionado no se encontraba encendido. — Aquí viviremos. Pensé que delante de mí se iba a elevar una enorme mansión, no obstante la propiedad era bastante sencilla. Incluso la casa de Leane era más lujosa que esta. — Es una casa muy… La puerta se cerró en mis narices, Leonardo salió por el otro lado y en mis adentros nació la posibilidad de que me iba a abrir mi compuerta; sin embargo, fue el chófer quien lo hizo. — Leito — pude ver como su espalda se tensó — ¿Acaso no me vas a cargar? Recuerda que estamos recién casados. Este papel me daba empalagamiento, pero tenía que hacerlo si quería pasar desapercibida. Él me tomó entre sus brazos y entramos en la casa, la miré cuando de repente me vine hacia abajo y caí de culo. — ¡Hey! — Date por bien servida que te cargué, estás gorda y eres muy pesada. — ¡¿Acaso no te enseñaron modales?! Me quedé esperando que me abrieras la puerta del coche como el caballero que se supone que eres. — Escucha — él se dio la vuelta y su voz fue tenebrosa —. No soy un caballero, soy un maldito bastardo. Además, no le veo sentido a abrirle la puerta del carro a una mujer, tienes dos manos y lo puedes hacer perfectamente. No exijas cosas absurdas y tampoco un marido cariñoso, porque no hay ningún sentimiento entre nosotros. Leonardo simplemente se fue y me dejó tirada en el suelo, no tuve más opción que levantarme y comencé a masajear mi culo. ¿En dónde iba a dormir? ¿Acaso estaría en la misma habitación que él? Lo seguí para preguntarle esto y miré cómo entró en un cuarto, mientras aún tenía una mano en mi trasero fue que llegué hasta el umbral de esta pieza. — Leonardo — toqué la puerta de su habitación — necesito hablar contigo de algo. La llave de la regadera se pudo escuchar, genial, ahora no sabía si me iba a ignorar o saldría. Ese hombre daba miedo y no lo pensaba discutir con nadie. — Tienes que recordar el motivo por el cual estás haciendo esto, vengarte del infeliz de Max. La casa se encontraba ubicada cerca de la playa, decidí bajar al agua para poder tener un poco de brisa marina. Ahora ya estoy montada en la mula y la debo jinetear. Respiraba profundamente cuando mire que un hombre venía saliendo, no le presté más atención y decidí sentarme en la arena. —Mete cuchillo, salen las tripas. Después de que este hombre dijo esto pude sentir que algo cayó en mi cabeza. —¿Qué demonios es esto? En el momento que intenté tocar mi cabeza, una gaviota se me adelantó y me comenzó a picotear en esa zona. — ¡Ay! ¡Me quiere comer el cerebro! ¡Ayuda! Salí corriendo para ver si la gaviota se alejaba, pero no podía estar más equivocada e incluso las otras de su especie comenzaron a seguirme. — ¡Que alguien me ayude por amor a lo más sagrado que hay! En ese momento pude escuchar una corneta sonar y las gaviotas salieron huyendo. Jadeaba cansada y mis ojos vieron al sujeto que había salido del agua. —Lo siento, supongo que ha sido esto lo que las atrajo. Él tomó unas tripas de pescado de mi cabeza que se notaban picadas, me enojé tanto que podría jurar que si quedaba rastro alguno de esto en mi coronilla era probablemente que ya estuviera bien cocido y listo para comer. —¿En qué has pensado a la hora de lanzar esas tripas? ¿Eres tonto o te haces? —Lo siento, realmente no fue mi intención. Pero tú te sentaste en la arena y para tu mala suerte fueron a dar allá. —¡Deberías estar ofreciendo disculpas y no culpándome! ¡Gran idiota! Me di la vuelta y decidí irme a la casa, en lo que estaba por llegar, él me detuvo. —Escucha, lo lamento y te prometo que no va a volver a pasar. ¿Qué te parece si aceptas esto como compensación por lo que hice? Lo acabo de pescar. Él me mostró su pesca y me sorprendí al ver el pescado que llevaba. —Es un opah. —Así es, al parecer, eres una conocedora del tema. ¿Entonces lo tomas? —Claro, mi papá me sacaba a pescar todos los fines de semana y mi mamá preparaba esta clase de pescado. Es muy raro de encontrar y sé bien que significa mucho para ti. —No te preocupes, con semejante persecución es lo menos que puedo hacer. Tomé el pescado y pensé en una manera de llegar a Leonardo, él debía adorarme de aquí a que me volviera a ver con el infeliz de Max. Comencé a cocinar y pude escuchar como la puerta de su habitación se abrió, los pasos pesados y por último él llegó adonde estaba. —¿Qué es lo que estás haciendo? Huele un poco decente—su estómago gruñó—. ¿Y bien? ¿Vas a responder o me quedarás viendo como una tonta?
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