Me subieron a una camioneta y pude escuchar a lo lejos que Rex estaba ladrando. Pensé que mi hija iba a ser dejada en la casa, pero no podía estar más equivocada. La lanzaron sin ninguna consideración y ella corrió hacia mis brazos. —¡Esto no era parte del trato! —Escupí con rabia —cualquier asunto tienen que arreglarse conmigo, no con mi hija. Tenía miedo, no quería perder a mi hija o que le hicieran algún daño. Ya ella había pasado por mucho y no deseaba que siguiera con su sufrimiento. —Aquí no ordenas —miré como el hombre se sostenía la pierna —utilizaremos a la mocosa como carnada para mantenerte quieta. La camioneta arrancó y me vendaron los ojos al igual que a Victoria, mis brazos la rodearon. En cierto punto ellos se detuvieron e intentaron arrancar a mi hija de los brazos. —¡

