38: Dame la libertad que deseo

1337 Palabras

No podía creer lo que mis oídos escuchaban, la voz de Elena se desvaneció y pensé que era otra ilusión, así como ahora más temprano o cuando miré a Belinda de pie. —Anthony, hermano. Siento que me estoy volviendo loco. “No, no te estás volviendo loco y sí, es Elena. Quiero que vengas donde estamos, es el restaurante de mariscos que tanto le gustaba a tu esposa.” —Voy enseguida. Como si me pusieran dos torpedos en los pies, salí de la casa. Miré a Belinda que me pedía explicaciones, pero su alcance llegó hasta cierto punto. El camino se me hizo eterno, mientras manejaba recordaba los buenos momentos al lado de Elena y vino a mi mente cuando me llevó a ese sitio. Flashback —Ven aquí —Elena tomó mi mano —sirven los mariscos más deliciosos de la ciudad. —Amor, a mí no me gusta comer ma

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