Llegando al parque donde todo ocurrió la noche anterior, la pandilla estaba dispersa. Al verme se acercaron a mi.
—Detective!!! —dijo uno de ellos.
—Al fin alguien viene a ver cómo hacen para atrapar a esa perra —dice en tono cabreado.
—¿Perra? —repetí la palabra.
—Si, es una perra, una zorra que no debimos dejar pasar, pero el difunto lo quería golear.
—Y él fue el goleado —dije sin mostrar emoción.
—¿Qué, te estás burlando de mi amigo?
—No, para nada. Vine aquí a investigar cómo se veía la persona que lo agredió —dije sin vacilar.
—Pues … pues era una perra joven.
—Por favor, has el esfuerzo de describirme la —exigí.
Estos tipos malhechores eran así. Cuando se trataba de sus víctimas, no había nada que discutir, pero apenas caían uno de ellos, hacían ruido.
Si supiera que me vale un zacatal de mierda de vaca el hecho de que uno de ellos hayan probado de su misma medicina, me doy por bien servido.
Como podrán ver, no soy amante de los que son delincuentes, perpetradores y escorias de este mundo. Por lo que los arrase una plaga y se esfumen del plano terrenal.
—Pues no le vimos la cara —dijo, y finalmente allí estaba lo que sospeché desde el principio.
—Es lo que supuse —dije apretando mi mandíbula.
—Ella no parecía ser de esta zona —dijo el pandillero acercándose a mí de nuevo.
—¿Porque lo dices?
—Su vestimenta era cara. Sus botas eran de buena calidad. —el pandillero quedó como pensando más profundamente y luego dijo:
—Digo que era una mujer porque era alta y esbelta, tenía piernas largas y cinturita de avispa.
Aunque no se veía su rostro, sí pude ver sus ojos que sobresalían, era una chica hermosa, pero qué lástima que ya declaramos que estará muerta —sentenció.
—Jajajaa —me reí de sus palabras, aunque por otro lado, lo que dijera me dejara pensando en ello.
—Dime, ¿Porque te ríes eh? ¿Acaso te estás burlando de mí?
—Para nada. —dije deteniendo mi risa.
—Considero que estás describiendo a una top model de Victoria Secret —dije yendo hacia el otro ángulo del lugar.
—Encuéntrenla que después yo me encargaré de ella —dijo como un poseído, le vi salír los ojos hacia afuera y vi la maldad en su mirada.
—Tenga cuidado usted —le advertí.
—Si pudo con tu compañero matón, no creo que seas rival para esa chica —concluí.
—Es solo una chica —maulló como gato herido.
—Si, una sola chica no tuvo dificultad en mandar al otro mundo a tu cómplice de delitos —recalqué de nuevo.
—Pero y es que … ¿qué estás haciendo tú?
—¿Viniste a burlarte de mí y mi pandilla?
—Hasta parece que estás feliz de vernos sufrir —reclamó el joven delincuente.
—Bueno, ustedes hacen sus fechorías, no les importa que tanto sufren sus víctimas.
•••
Desde el punto de vista de Sara.
Desde arriba del techo de aquel desgranado edificio, observé como la pandilla de aquel desafortunado sujeto andaban del timbo al tambo.
No era que yo no tuviera corazón por una vida, una vida es una vida, después de todo.
Sin embargo, mis ojos revolotearon al ver llegar patrullas policiales de investigación. Más allá vi un auto blindado en color oscuro, al ver a estos, pensé que podían ser aquellos que me mantenían cautiva.
Rápido bajé para cambiar mi apariencia, para ello opté por una peluca rubia, unos lentes de contacto de color avellana, una camisa holgada, eso me hizo verme diferente.
Tocaron a mi puerta, abrí sin titubear, vi al señor de la recepción y a un hombre que traía una gabardina larga y botas. Parecía sacado de la escena de la película de matrix.
—¿Que se desea? —pregunté. El de la recepción dijo:
—Señorita, hubo un asesinato cerca de aquí, por eso estamos viendo si todo está bien por acá.
—Gracias por preocuparse por mi —dije —, pero todo está bien por aquí —dije haciendo gestos obscenos y masticando chicle en la boca.
—Nada —le dijo uno al otro — , es una mujer de la vida alegre nada mas.
Como si yo no los estuviera escuchando, se fueron sobre el pasillo hablando entre ellos. Pude reconocer que el de la gabardina negra era uno de esos secuaces bastardos que me mantuvieron en cautiverio.
Entré de vuelta a la habitación, recogí mi bolso, si no fuera porque la noche anterior fui a una clínica a quitarme una pieza debajo de mi piel, ellos hubieran sabido que yo era su chica.
Respiré profundamente antes de salir de la habitación e irme afuera. Vi llegar a uno de los policías, escuché que uno de los delincuentes le estuvieran haciendo reclamos incesantes.
Moví la cabeza en son de intolerancia a sus algarabías.
Al pasar cerca de los dos tipos discutiendo, me sentí algo desconcertada. No sabía exactamente qué era lo que me estaba irritando, pero mi corazón empezó a palpitar.
Salí en sus narices del lugar del crimen. Mi intuición me decía que debía largarme de ese lugar, estar muy cerca de uno de los secuaces del grupo maldito, no era una buena idea.
—Señorita, ¿en que le puedo ayudar? —escuché la voz del hombre detrás del mostrador.
—Ah, eh, este … nada —respondí algo confundida.
Me di cuenta que estaba delante del mostrador de un vendedor de comida callejera.
—Pues lárgate de aquí deja campo para otros que si van a comprar —me gritó, me aparté, en eso, llegaron en una camioneta tres sujetos y uno de ellos fue quien encañonó al hombre detrás del mostrador, este mismo me miró a mi suplicante, en un momento dado me dijo, “llama, llama a la policía”
—¿Porque debería de hacerlo? —dije en queja, hacía solo un momento él había sido demasiado grosero conmigo.
Un poco de amabilidad no queda de mas, así las personas no cierran puertas, y tiene formas de abrir puertas, pero él se vació en mi.
Era verdad que yo no tenía dinero para comprar, pero sabía todas las manías para ganarlo.
—Chula, ayúdame ¿si? Me dejarán pobre estos bastardos.
—Bueno, si te ayudo, al menos me proporcionarás mi comida todos los días, o … ¿será que te dejaré pobre?
—Ayúdame, llama a la policía —dijo de nuevo.
—No, no llamaré a la policía, haré algo mejor. —respondí.
Enseguida me acerqué a uno de los maleantes, al que tenía un Ak-44 y le quité el arma sin ninguna dificultad. Le tomé de ambos brazos y quebré el hueso del tendón.
Como me maldijera, le tomé la cabeza y lo estrellé al suelo de concreto duro, los otros dos al ver lo que le hiciera al más duro de los tres, salieron gritando despavoridos.
—¡Listo! —dije volviendo a ver al señor del mostrador.
—Ahora empaqueta mi comida, quiero doble porción —pedí a mi gusto. El hombre tembloroso hizo lo que pedí.
Antes de irme, le dije.
—Sino quieres mas asaltos como este y que yo cuide de ti, no le describas a la policía acerca de mi persona, solo dile que alguien mas los atacó y el muerto está allí.
El hombre asintió, yo me fui del lugar.