AINARA
Los rayos del sol fueron los causantes de interrumpir mi profundo sueño, me revolví entre las sábanas, buscando con una mano el cuerpo de Harry, pero no había nada. Me levanté de golpe y vi a mi alrededor, estaba completamente sola. Me arreglé los cabellos y me puse mis zapatillas de andar.
–¡Harry! – dije mientras buscaba en la habitación, pero me detuve frente a la ventana, las cuales daban una impresionante vista de un desierto impresionante, ¡la mejor construcción que han podido hacer!
–Amor– dijeron a mi espalda y yo que estaba tan perdida en las vistas me sobresalté.
–¡j***r! – dije llevándome una mano al pecho al fijarme que era Harry–, ¿Dónde estabas?
Pregunté sin acercarme. Este soltó una carcajada.
–Fui a ver el amanecer, ya sabes, un pequeño gusto por eso– fruncí el ceño–, ¿Qué pasa? ¿Habías entrado en pánico porque no estaba en la cama contigo?, y conste que lo hice porque dabas unos ronquidos, que ni te cuento– dijo acercándose a la ventana y pasando por mi lado, me crucé de brazos y lo censure con la mirada.
–¿No dirás nada más? – pregunté, me miró desde su altura confundido, hasta que cayó en la cuenta.
–¡Venga! No te vas a resentir por eso–
–Yo no suelto ronquidos, por ende, me estás difamando– dije y me acerqué nuevamente hasta el filo de la cama y me senté cruzada de piernas. Mientras Harry no borraba su sonrisa.
–¿Qué puedo hacer para que me perdones? – dijo en tono sarcástico.
–Ya cállate– dije, me dirigí hacia el armario para vestirme, hoy iríamos a dar un paseo por este grandioso desierto. Sonreí al recordar como Edward había dado muchas advertencias a mi novio para que no me pase nada; bueno, que no nos pase nada, a los dos.
–¿Qué te causa gracia? – preguntó Harry desde el otro lado de la habitación, lo miré y no pude contenerme, era mi chico, ¿cómo se podría estar enojada con él? Por un momento dejé de buscar un conjunto deportivo y lo observé. Llevaba el cabello desaliñado y una sonrisa en el rostro; era una sonrisa perfecta. –¿Te gusta lo que ves?
Preguntó después de unos segundos.
–No te responderé– dije y me giré, pero al segundo lo sentí.
– No te he dado los buenos días, y no sabes el cargo de conciencia que estoy sintiendo– dijo besando mi cuello.
–Buenos días– dije.
–Buenos días, preciosa, te quiero– sonreí cuando empezó a dar besitos por todo mi rostro. Me gire y lleve mis manos hacia su cuello.
–Te quiero– sus mejillas se pusieron un poco rojas, y no dude en dar un beso en cada una de ellas. Harry a comparación de otros chicos era muy nervioso cuando le decías algo bonito, y eso a mí me volvía loca, pero no lo diría en voz alta.
Después de desayunar decidimos hacer deporte; un nuevo gusto por Harry, quien se había enloquecido con el ejercicio, y a mí me llevaba con él, haciendo planchas, abdominales y carreras.
Al salir del restaurante e ir hacia las colinas de arena me quede nuevamente asombrada con lo maravilloso que es este lugar, no importa si ya estoy aquí dos semanas, seguiré asombrándome por la belleza.
Amanguiri fue el mejor regalo que me han podido dar, estar solos, en un desierto que literalmente te traía paz. No había cosa que se asemeje, aunque bueno, la playa te podría dar esta misma sensación.
–¿Podemos ir al spa luego? – pregunté al pasar por una piscina de peces, me detuve y pasé mis manos por el agua.
–Esos peces te recordaran toda su vida, desde que has llegado has estado todo el tiempo junto a ellos– dijo soltando una sonrisa, y la verdad es que era cierto, cuando vi la inmensa piscina de peses me quedé fascinada.
Al pasar el medio día, cuando ya no podía hacer ni una flexión más, Harry detuvo su rutina. Mientras que yo estaba en una esquina observándolo, todo su cuerpo se marcaba ante la fuerza que hacía, y una calentura que era frecuente cuando estaba cerca de mi novio empezó a formarse.
–Vaya día– dijo al secarse con su toalla, sonreí y levanté la mirada. Todo su cabello se le pegaba a la frente y se veía irresistible.
–¿Ahora podemos ir al spa? – pregunté por décima vez en el día, puso los ojos en blanco, pero accedió.
Dentro de dos días regresaríamos a casa y aunque extrañaba a toda mi familia, me había acostumbrado a pasar un tiempo a solas con mi chico.
–¿Me volverán a poner esas rocas calientes? – preguntó haciendo pucheros, solté una carcajada al recodar cuando la masajista le puso aquellas rocas. Harry hacia todo tipo de protestas, diciendo que esas rocas le causaran quemaduras de segundo grado y le dejará secuelas, todos los que habíamos presenciando su dramatismo soltamos carcajadas a lo grande.
–Espero que sí, es muy relajante, ¿a que sí? – dije llevando una mano a mi frente y cubriéndome del sol.
–Ja…Ja, muy graciosa, pero yo paso– dijo, sonreí divertida y sin previo aviso me lancé a su espalda, él me sostuvo fuerte y así como si fuera un monito llegamos hasta el hotel.
Me bajé de su espalda y caminamos hasta nuestra habitación, y como siempre volví a pasar por la piscina de peces.
–No Ainara, no los molestes– dijo Harry en mi espalda, me giré y lo censuré con la mirada, continuamos caminando por aquellos pasadizos que nos conducían a nuestra habitación; durante el trayecto había paredes de las cuales caía el agua, formándose un pequeño riachuelo. Al llegar me metí directa a la bañera, y al instante Harry entró, puse mis pies sobre su pecho y empecé jugar con la espuma.
–Quién lo diría, por fin estamos juntos y solos– dije distraída. Mientras la espuma caía nuevamente al agua.
–¿Te gusta la idea? – lo miré y sonreí, ¡Claro que me gustaba!
–Me encanta la idea– dije y me acerqué hasta él despacio, puse mis manos en sus hombros y lo miré a los ojos–, me gustas, más de lo normal, ¡creo que la vida me ha premiado con un hombre tan lindo como tú!
Soltó una carcajada y se mordió el labio inferior, j***r, esos pequeños gestos que Harry hacia sin siquiera ser consciente me daba taquicardia.
–Pronto volveremos a nuestras vidas, lleno de viajes y conciertos– dijo acariciando mi rostro, solté un suspiro. Era cierto, volveríamos a la normalidad, no estaríamos juntos como ahora, él y la banda tendrían que viajar, y yo también.
–Pero iras en mi corazón, Harry– dije y sonreí.
–Es ahí donde quiero estar siempre– me dio un pequeño beso y sentí una pequeña calentura recorrer mis fibras nerviosas.
–No sé, siento que no te merezco, eres…por dios, ni siquiera tengo las palabras para decir lo genial que eres– dije sonriendo.
Se inclinó hasta hacer rozar nuestras narices.
–Tú mereces a alguien que le hable a todo el mundo de ti como si hubiese descubierto una galaxia, y ¿sabes qué? – preguntó sonriendo, lo alenté a que siga–Yo soy esa persona, amor.
¡Madre mía! ¿Qué hice de bueno para tenerlo? ¿acaso fue cuando le invite mi refrigerio a una niña en la escuela? ¿fue cuando salve a un gatito de ser atropellado? ¿qué hice?
Harry era todo lo que una mujer como yo soñase. Era tan tierno que hasta daba ganas de comerlo; a besos, claro.
–Te amo Harry– dije y me acerqué hasta posar mis labios con los suyos. Tenerlo cerca, sentir su cuerpo, sentir su respiración, sentirlo en todos los aspectos era lo más romántico y tierno que podría sentir. Entreabrió los labios y nuestras lenguas danzaron, con alegría, con amor…con amor de por fin estar juntos, habíamos sufrido por la misma persona, por aquella persona que hoy descansa, y descansa en paz, porque ambos; tanto Harry como yo lo perdonamos, perdonamos el daño que nos hizo.
Y sin querer recordé el momento en el que fuimos a despedirnos de Jason.
–¿Estás seguro? – pregunté por décima vez, estábamos entrando al cementerio y todo mi cuerpo estaba en alerta, me miró y asintió. Caminamos hasta llegar a la parte donde mi madre, Leo y Jason descansaban.
Me agaché y puse los ramos de rosas en cada jarrón, me puse de pie y me aferré a la mano de mi novio, nos miramos y sonreímos con timidez.
–Odiarte es como odiar a la nada, como odiar al aire por soplar tan fuerte, u odiar al sol por resplandecer tanto; no tiene sentido, la vida fue cruel contigo y tú lo fuiste conmigo, pero ahora…al darme cuenta que no seguirás aquí es cuando sé que mereces al menos tener tranquilidad después de muerto. Te perdono y no imaginas la tranquilidad que eso me causa, espero que donde sea que estés; te encuentres bien, y si por ahí ves a mi padre– dijo sonriendo, pero con algunas lágrimas cayendo–, dile que lo quiero. Bueno, que lo queremos y que estamos cuidando de Ana muy bien.
Me apretó la mano y le di un beso en la mejilla, sabía lo mucho que esto le dolía y lo sabía porque a mí también me afectaba. Me giré y vi atenta la tumba de Jason.
–El negocio de tu padre y los tuyos van bien, cuido de ellos como un tesoro, por si en algún momento tenemos que volver a vernos, quiero que sonrían al saber que su apellido aún sigue creciendo. Me costó superar el daño que dejaste– dije sonriendo–, pero hoy puedo decir que soy una persona renovada, que te quise, y te querré siempre. Ocuparás una parte pequeña en mi corazón, porque la parte más grande… –dije haciendo una pausa–, decidí entregársela a Harry, y juntos deseamos que estés en paz, al lado de tu padre y por favor…– las lágrimas inundaban mi rostro, pero continúe hablando–si mi madre está contigo, dile que…dile que la amo con todo mi ser.
Me giré hacia Harry y me aferré a su cuerpo, aún dolía, claro que dolía. No me despedí de mi madre, no me despedí del ser más importante de mi vida, y me importaba una mierda lo que me dijo cuando se fue, me dio la vida, cuido de mí y eso…eso siempre se lo agradeceré.
–Ellos ya pueden estar tranquilos– susurro Harry–, es momento de escribir nuestra historia, una historia donde ambos somos felices.
–Te quiero– dije, y sin mirar atrás salimos, con nuestro espíritu lleno de tranquilidad por haber perdonado y superado aquel capítulo tan doloroso para ambos.
Me separé de Harry y lo observé.
–Será mejor que vayamos al spa ya– puso los ojos en blanco, pero hizo lo que le pedí.
–Me puedes volver a repetir por qué tenemos que ir juntos– dijo vistiéndose.
–Porque es un momento en pareja y ayudará que la relación se haga más fuerte– dije uniendo mis manos y haciendo un gesto de fuerza.
–No creo que una depilación y rocas calientes sobre mi espalda hagan que ese momento sea romántico– dijo, me puse un vestido, y salimos de la habitación.
Como todos los días el spa estaba tope, así que nos ubicamos en un espacio al aire libre.
–Buenas tardes, es un placer verlos seguido, ¿aún duele? – preguntó aquella mujer que se encargaba de hacernos los masajes, aguanté la risa, pero él estaba serio.
–Está ansioso porque le vuelvan a poner aquellas rocas– dije y me recosté.
–Oh no, yo no dije eso, claro que no– se quitó la camiseta y se recostó, e inmediatamente unas jovencitas vestidas de blanco aparecieron, sentí gotas de aceite sobre mi espalda, oh por dios, ahora comienza lo delicioso.
–Podría estar así por horas– dije y Harry soltó un bufido.
–Yo también, pero sin esas rocas del demonio– dijo, y mientras nos hacían masajes le iba hablando de todo tipo de cosas, hasta que en cierto momento dejó de responder.
–¿Se durmió? – pregunté con la vista en el suelo.
–Como siempre, señorita– sonreí, mi chico había caído rendido, y aunque estas vacaciones eran por mí, yo trataba que cada día sea relajante para él, ya que al regresar a casa y comenzar nuestra rutina de trabajo todo sería un caos.
Los dos últimos días pasaron de lo más rápido, ambos habíamos rogado que las horas vayan más lento, pero no fue así. Ahora estábamos entrando por la mansión White, el taxi rodeo el césped y estacionó frente a la puerta de entrada e inmediatamente mi padre y Chris salieron a recibirnos. Sonreímos muy emocionados y bajamos. Salí disparada a abrazar a Edward.
–Estas bien, ya me empezaba a preocupar– susurró, sonreí.
–Cuido muy bien de mí, no tienes porqué preocuparte– dije y me dio un beso en la frente, había extrañado ver esos iris azules, estar tres semanas fuera había sido complicado.
–¿No me piensas dar un abrazo? – preguntó Chris.
–¡Claro que sí! Ven aquí– dije y lo atraje, aspiré su fragancia y por fin me sentí en casa, con mi familia.
–Te has portado bien por lo que veo y lo aprecio mucho– dijo mi padre mirando a Harry, se saludaron con un abrazo y unas palmadas en la espalda.
–Pasen, tenemos algo preparado y además una sorpresa– dijo Chris, entramos y un cartel gigante que decía: bienvenidos.
–Oh por dios– dije, allí estaban todos nuestros amigos, la madre de Harry, Ana, Esthela, Liam y Hanna. Me separé de Chris y corrí abrazar a mi amiga, la había extrañado tanto. Y en un minuto ya tenía a todos dándome un abrazo.
–Pero mira nada más, estas enorme– escuché que Harry le decía a Ana, ella sonreía y sus ojos gatunos brillaban de la emoción.
–¡Ana! – chillé y capté su atención, nos abrazamos, esta pequeña había cautivado todo mi ser y la quería como si fuera mi hermanita pequeña.
–¡Ya los echábamos mucho de menos! – dijo Liam, sonreí y me acerqué.
–¿Me extrañaste? – pregunté.
–Sí, pero no se lo digas a nadie– dijo y solté una carcajada–, me encanta verte feliz y más si es con este– dijo apuntando a Harry.
–¡Es el amor de mi vida, Liam! – dije y sentí unos brazos rodear mi cintura.
–¿Me llamaste? – preguntó Harry.
–Hermano, que bueno que cuidaste de ella, ya estábamos listos con las escopetas– dijo Liam, negué con la cabeza. Volver a casa, estar todos juntos, y además estar con Harry era lo mejor. Almorzamos de lo más animado, todos nos habíamos ido hacia el jardín, donde habían puesto una enorme carpa.
–Pero si estas más guapa– escuché a mi espalda, cuando me giré Katha, la madre de Harry venía hacia mí.
–Su hermoso hijo que me hace sonreír cada día– respondí, nos dimos un abrazo. Esta mujercita se había vuelto muy importante, estuvo cuando me sentía decaer, estuvo a mi lado como si fuera mi madre, me dio ese amor que necesitaba, esa atención que tanto extrañaba. Después de unas horas Edward se puso de pie y carraspeo.
–Un momento de su atención, por favor. Estoy contento de tener a mi hija de vuelta y ver que es feliz. Casi la mayoría ha presenciado lo difícil que fue un tiempo su vida, pero hoy es feliz. Solo mírenla y díganme que no es así– dijo con la voz cargada de emoción–, en fin. Ha Pasado tres años desde que mi ex esposa murió, y he vuelto a creer en el amor.
Todos nos miramos sonrientes, ¿había una mujer en su vida? Apreté la mano de mi novio esperando que mi padre continuase con su discurso.
–Y quiero presentarla, porque siento que la quiero y ella también– dijo mirando hacia dentro de la casa–, cariño, ven por favor.
Todos mirábamos expectantes y entonces una mujer alta, de cabellera marrón, curvas perfectas y unos iris del mismo color que los de mi padre. Era una mujer despampanante. Se acercó tímidamente hasta mi padre y se cogieron la mano.
–Es hermosa– susurre, y Harry asintió sonriente.
–Les presento a Angelina, Angelina te presento a mi familia y amigos–dijo y ella sonrió y levantó la mano en forma de saludo.
–Un gusto conocerlos– sonrió y continuó–, estoy nerviosa, no sé qué decir– sonreímos, y Liam decidió hablar.
–¡Bienvenida Angelina! – gritó y todos aplaudieron. Mi padre volvió a la mesa, pero ahora junto con ella, y la música continuó.
–¡Hola! – dije y la saludé con un beso.
–¡Tú eres Ainara, te he visto por la televisión y tú, seguro que eres Harry! – dijo, al verla se notaba que era mayor, maso menos la edad de Edward, unos cuarenta y tantos.
–Así es, un gusto conocerla, Angelina– dijo Harry muy sonriente.
Aquel día fue conmovedor, mi familia estaba reunida, y mis amigos también. Me alejé de las personas y subí a mi habitación, los observé a todos desde mi ventana. Estaban contentos, demasiado, y haría lo que fuera para que lo sean siempre. Sin embargo, la tragedia hacia las personas que aprecio aún no termina, aún falta vencer un último obstáculo.