Ella duerme, sueña, sueña. Hasta que logró profundizar. Y comenzó a soñar: Ella se llamaba Rose, y vivía sola. Rodeada de un ambiente que se veía en sepia, corría con sus pues desnudos por la selva, tenía puesto un vestido blanco. Feliz y llena de vida, la joven Rose no dejaba de correr ¿Cuál era su destino? Nadie, ni siquiera ella, lo sabe. ¿A dónde va? ¿Está sola? ¿Estará bien? Laia no dejaba de ver a esa niña, era tan distintas e iguales, tan parecidas y diferentes. Tan optimista y extraña... Rose corría y corría, la mujer parecía que no iba a parar. En el cielo, bellas aves celestiales volaban tras ella, siguiéndola. Junto con la joven, animales preciosos iban a la par suyo. Laia comprendió que Rose era como una especie de Diosa de la naturaleza, pero algo no comprendía, ¿Por qué

