cap 21

3995 Palabras
  El Día siguiente, Aleisha volvió con Alex a la ciudad, tenía que empezar el trabajo, como secretaria.  También sabía que el día de regreso a su casa, la verdadera casa, se estaba acercando, tampoco tenía una fecha en el calendario establecida, pero estaba cerca, más cerca de lo que nadie lo esperaba. Ya que se había acercado tanto a lo que era el amor. Reconoció que las cosas entre ellos, estaban cada día mejor, más cerca y más acaramelados, pero también estaba asustada, tenía temor de perder todo lo que había conseguido, hasta aquella vacante para entrar a estudiar en la universidad. Un regalo tan importante para ella, como un mismo diamante, de alguna joyería prestigiosa. Entonces era el momento en que sintiera aquellas mariposas en el estómago antes de que se tuviera que ir. Específicamente, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa, por quedarse. Hasta tomar el teléfono y decirle a papá que se tomaba un año más, que se quedaba en la ciudad porque había encontrado el amor, porque tenía que cumplir sus sueños de graduarse y que también tenía un trabajo algo más estable, que el de acompañante de un hombre. Las cosas para ambos eran impresionantes. Ojala pudiera durar para siempre. Alex se puso en marcha para darle aquella sorpresa que la dejaría con la boca abierta completamente deslumbrada. Esa misma noche, después del trabajo, el llego a casa, con una bandeja llena de buñuelos. Ella sonrió al ver el detalle. —Príncipe Azul. No tienes que consentirme tanto. —Tonta, Rosa mía… soy responsable de ti, claro que lo debo hacer.—Su tono de voz se tornaba entre sarcástico y romántico. Enseguida se plantó delatan de ella y le dio un beso apasionado, paulatinamente rosando el paladar. —Cuidado Príncipe, me haces enardecerme. Sonrió con parsimonia. Enseguida busco la Tablet: Noche de Película… La figura en bata de dormir, de Aleisha era muy sensual: Piernas largas y estiradas. Vientre apretado, figura delgada, muslos redondos, silueta elegante y hermosa. Era difícil mantener el control con ella en ese estado, Alex tenía ganas de tomarla por los hombros y volverle a hacer el amor, como paso en la cabaña. Entonces se acurrucaron en aquellas sabanas, sentados en el sillón. Estaban acaramelados, parecían dos muchachitos enamorados, cambiando el hecho que ya eran mayores, entonces los dos se brindaron aquel calor que parecía que nunca iban a volver a sentir jamás. Nunca. Pero ahí estaba para el en una caballera rubia, y en ella en una barba morena Eran felices. —Aleisha—Ella lo miro— ¿Cómo se llamaba tu mama? Aleisha frunció el ceño, su carácter cambio drásticamente. —¿Es importante? ¿Para qué quieres saberlo? —Pues solo quería saberlo. Ella dudo unos pocos segundos. —Se llamaba Ana Loockmare Fue lo único que dijo, por un rato largo. Poco después se quedaron en la sala viendo y disfrutando de aquella película infame en la que tenían puesta las miradas. Al dio siguiente,—Alex se había quedado en casa de Aleisha— se levantó temprano para empezar el trabajo. Alex aun no despertaba, entonces Alex le dio un beso en la frente como una despedida romántica. Y le dejo en la casa una llave de repuesto, para que saliera y entrara a placer. Poco después Alex despertó—Alguna hora más tarde— Entonces se puso en marcha, tenía que encontrar a la madre de Aleisha. Entonces poco después fue a la casa en busca de su moto, más tarde fue directamente al registro notario de la ciudad, donde tenía un amigo muy conocido, de la secundaria, entonces pidió un favor grande. —Alejandro, de verdad necesito tu ayuda. —Explico Alex— necesito encontrar a esta mujer, porque es algo importante, que involucra a una chica también. —Es grave—Arqueo una de las cejas. —No, pero es necesario. Sé que se te va a hacer algo difícil, pero necesito que lo hagamos. —Está bien, lo hare, pero solo porque eres mi amigo, y además me debes una caja de cigarrillos.—Bromeo. Alex se hecho una carcajada enorme. —¿Nunca cambias verdad? —No. Entonces Alex fue en busca de los cigarrillos, mientras que Alejandro se encargaba de darle alguna mínima pista de la ubicación de la madre de Aleisha, estaba dispuesto a ver que estaba pasando.   Luego de una hora. El tiempo perfecto para que el, hiciera su parte sin que sus jefes lo descubrieran, porque dar información de alguien seria delito. Volvió a la oficina de Alejandro, con una carpeta entre brazos, para disimular. Entonces llevaba también la caja de cigarrillos. —Volví.—Dijo al entrar en la oficina. —Perfecto, tengo algo que te va a gustar. El sonrió macabramente. —Dime que encontraste una pista siquiera… —Algo mejor. Siéntate. Alex se emoción. Así explico las cosas que había encontrado. El trato estaba cumplido, entonces le dio la caja de cigarrillos a Alejandro y luego se marchó con una carpeta llena de información. Que solo él sabía que era. Poco después cuando salió. Se sentó en un café para examinar la información. Era un informe actualizado de ese mismo año, una tal Ana Loockmare compro una tienda de bisutería en esa misma ciudad, era increíble estaba allí, en esa misma ciudad podía encender la moto y solo ir a la ubicación el informe también tenía la ubicación del casillero de correos, la tienda y la dirección de vivienda. —¡Perfecto! Te debo una grande hermano—Mascullo, mientras tomaba un café. Alex miro el reloj a ver qué horas eran. Marcaban un tiempo inicuo, le quedaba algo de tiempo, Aleisha iba a estar entretenida hasta las cinco, donde su amigo Alberto estaría ocupado firmando algunos papeles. Sonrió con delicadeza. Entonces siguió viendo aquel informe, también había algunas facturas retrasadas, y algunas multas por conducir ebria. Entonces siguió pasando las páginas, hasta que encontró una foto, la mujer que estaba retratada en ella, era muy parecida a Aleisha casi iguales. Era ella sin duda. Entonces tenía que comprobarlo con sus propios ojos, prendió la moto y fue directamente a la tienda donde supuestamente estaba ella. Entonces condujo por media hora, ese lugar estaba algo intrincado en el centro,  ya por donde estaban los centros comerciales. Poco a poco se abrió paso con rapidez, hasta que encontró, la tienda. Estaba allí en un centro comercial elegante y caro. >—Pensó mientras subía las escaleras para entrar a la tienda. Sabía que buscar a la Madre de Aleisha era completamente una locura, también traería consecuencias. Si a Aleisha le disgustaba el que desenterrara el pasado, y el que él, estuviera haciendo eso. Tenía algunas dudas. Pero respiro hondo y entro en la tienda. Enseguida reconoció a la jefa. Una chica linda y regordeta salió de la nada, para atender al >pero enseguida escucho:—Busco a la jefa. Ana inmediatamente al ver que su nombre estaba siendo pronunciado, se presentó delante él. —Soy yo muchacho. ¿Qué necesita? Las empleadas miraban atentas. —Necesito unos minutos de su tiempo… quiero contarle algo acerca de una chica que usted conoce muy bien. Aleisha… Enseguida Ana, puso los ojos de par en par. —Enseguida vuelvo.—Dijo a una de sus empleadas, mientras que salía acompañada del muchacho. Fueron hasta la cafetería del centro comercial, donde se sentaron a hablar cómodamente, sin que sus empleadas se enteraran de algunas cosas, que todavía quería dejar enterradas bajo tierra. —¿Quién eres y porque conoces a mi hija? Ella frunció el ceño respectivamente. —Soy su… —Se detuvo en pronunciar la palabra >— Amigo… y tenía que buscarla a usted para decirle que su hija está en la ciudad. Ella arqueo una ceja. —¿Cómo sabe que soy yo? ¿Tiene alguna prueba para demostrarlo, no estarás buscando a alguien más y la confundes conmigo? Tuvo paciencia, para contener aquel tono sarcástico que quería usar, pero la conversación era seria, así que respiro más hondo aun. —Tengo pruebas.—Entonces alzo los papeles de la notaria y los puso en la mesa, ella echo un corto vistazo— y al ver como reacciono, cuando dije el nombre de su hija, no me queda más dudas. ¿Entonces hablamos?   Aleisha estaba entretenida entre los papeles que estaba firmando, Alberto era una abogado demasiado ocupado, y su secretaria tenía que tener a otra secretaria—Que era ella— para que firmara aquellos papeles, eran demasiado, estos tenían que hablar acerca de las cosas que debían pasar en urgencia a el abogado. Cosas acerca de algunos casos de violaciones de impuestos y de tráfico de drogas. Era una terea que exigía, pero antes ella también lo había echo, también tenía algunas experiencias como secretaria, pero no de un bufete tan recurrido como esa, estaba al colapso, no podía siquiera ir al baño, su escritorio parecía un basurero, carpetas apiladas en orden hasta el techo. Pero tampoco iba a vacilar con su trabajo, Alex lo había conseguido para ella, y si se quería quedar más tiempo en la ciudad, para estar con él, para amarlo como él la amaba. Tendría que esforzarse para dar la talla, tenía que esforzarse más para poder seguir con él, no iba a rendirse. Algunos trabajadores ambiraban como una rubia hermosa, se paseaba por la oficina, con carpetas llenas de papeles que debían tener que pasar algunos cuantos kilos, aunque varios hombres se estremecieron para ayudarla y conseguir alguna cita con la despampanante y bella muchacha, ella los corrió, con la amenaza de castrarlos si se acercaban mucho. y seguía con sus carpetas directamente desde su cubículo hasta la oficina del abogado, y así de viceversa. El abogado en la tercera ronda de papeles que Aleisha llevo a él, admiro la tenacidad de la chica, aunque estaba sudada y algo cansada, por lo que podía ver, su respiración agitada y su cara ruborizada y no por voluntad propia. Entonces le dijo que se sentara en su oficia un momento. —Vaya que es usted algo fuerte señorita Aleisha. —Sí. —¿Donde aprendió tantas cosas? —Vivía en el campo. Lo entendía perfectamente. Ahora el abogado. —¿Eres la novia de Alex...? Aleisha sintió como el corazón se le estaba acelerando hasta ponerse al mil. Se sonrojo un poco, se ruborizo aún más, pero ya no era por cansancio ni por fatiga. La pregunta era algo personal, tenía que pensar en que podía responder. Aunque quería mentirse a su corazón, no lo podía hacer, él estaba adentro de ella. Ya habían hecho el amor completamente. Ya estaban conectados. Lo quería. —El, —Explico Alberto— siempre me trae gente con dificultades de trabajo, y entonces yo les doy algo. Claro nunca me trae más de lo que puedo soportar. Pero casi todos los integrantes y trabajadores, tanto abogados y licenciados, como secretarias y mensajeros. Son personas que necesitaban trabajo. Me los ha triado todos él. Completamente todos. Él es un buen chico, y cuando me hablo de ti. Enseguida me negué, porque tenía demasiadas secretarias. Pero luego, se arrodillo delante de mí—Aleisha se sorprendió— y no estoy bromeando. Casi me rogo para que te dejara entrar. Hablo de ti con tanta pasión y con un brillo en los ojos, estaba enamorado, pensé enseguida. Y creo que lo está, cuídalo. Porque él es una de las mejores personas que tiene esta ciudad. Y no es como el resto de superficiales e interesados que pudre a la sociedad. Créeme soy abogado, y no doy un salvo conducto de buena persona a nadie que no se lo merezca. Créeme Aleisha no sabía que responder, le había tapado la boca con aquella declaratoria. Tanto se había esforzado Alex para encontrarle algún trabajo, no eso no podía ser así, tenía que conservarlo, y además se iba a esforzar más. Mucho más, el doble, no el triple. Por Alex. Por ella y por su futuro. —Le agradezco, de verdad le agradezco mucho que me haya dado una posibilidad de entrar en el bufete. Estoy en una deuda grande. Y al respecto de la pregunta. Si yo soy su novia, y lo amo mucho, el como usted dice, es la mejor persona que he conocido en esta ciudad. Y lo quiero mucho. Volveré al trabajo, si no me necesita para más nada. El asintió con la cabeza. Entonces salió de la oficina disparada para su cubículo, tenía que esforzarse el doble. No había margen de error. Mientras que en su pensamiento la silueta de Alex, arrodillado y pidiendo a gritos que la aceptaran en el bufete, la enardecía. Le iba a hacer el amor como nunca esa misma noche. —Es verdad me  volvió en una ninfómana. —Pensó en voz alta mientras se pegaba una carcajada loca.     —Entonces debemos hacer algo, Aleisha ha vivido en un sinfín de pensamientos malos desde que usted se fue, tiene que disculparse. —No. Para nada, no le voy a hacer más daño del que ya tiene. Le hice daño pero tampoco puedo estar regresando cuando está bien, solo le causaría más daño del que ya tiene, entiéndeme como una madre, la amo, pero tampoco quiero que viva pensando que la abandone. Alex se echó para atrás en la silla, de verdad que eran como dos gotas de agua, tanto físico como mentalmente. Eran tercas como una mula. Pero tenía que seguir haciéndolo. Convenciéndola, quería quitar aquella mancha en su pasado y reemplazarla por una madre de verdad. Una madre que le diera todo lo que necesitaba. Caricias abrazos, besos, ternuras. Que se sentara en su regazo para consolarla cuando le fuera mal en algo. Que la ayudara en sus estudios. Una madre que estuviera en la silla de espectadores en primera fila cuando se graduara de médica. Lo necesitaba. —¿No me venga a decir que tiene miedo? —El solo hecho que estés aquí, me da miedo. Puede usted hacer que ella sepa todo. —No lo hare si usted no me da permiso de decírselo, vine por mi cuenta, ella no sabe siquiera en donde estoy en este momento. Ana se sorprendió al escucharlo. —¿Ella no te mando a buscarme? —No. Ella está trabajando ahora mismo. Yo fui el que quise buscarla señora Ana. Quiero que Aleisha, tenga aquella sensaciones detener a alguien que le prepare una cena caliente, alguien que la consuele, alguien a quien esperar. Quiero que ella tenga una madre. Y yo estoy como intermediario para que eso pase. Ana pudo ver aquella mirada decidida de Alex, no se iba a dar por vencido. —Muchacho, ¿ella está bien? Asintió con la cabeza. —Yo la quiero mucho, pero me tuve que ir para luego darle un mejor futuro. Ella desde pequeña quiso estudiar para médica. Entonces tuve que venir a trabajar. Pere seme fueron los años en una abrir y cerrar de ojos, y quise regresar a casa, pero me di cuenta que solo había causado daño. Ana mostro una actitud pusilánime. —Pero puedes reparar ese daño. Ana confié en mí. No soporto la idea de que Aleisha no tenga a su madre en estos momentos. Por favor hágame caso. Alex tomo las manos blancas y pálidas de la mujer. Esta suaves y tenían pequeñas arrugas, estaban algo resecas, emitían un calor que daba a entender una buena salud. —Usted puede. Tiene que confiar en mí. Yo sé que quiere volver a abrazarla y quiere contarle un millar de cosas. —Aleisha debe estar muy grande, hace trece años que no la veo. A Alex se le hizo un nudo en la garganta. —Entiendo que es ese dolor, pero Señora Ana, entonces déjeme que haga mi parte para encontrarse con ella. deje que me prepare todo un escenario para que puedan conversar, déjeme intermediar por ustedes. Ella se echó para atrás al ver que la chica, estaba completamente con los ojos llorosos. —¿Y si no me acepta? —Claro que lo hará solo debe tener fe. Ella pensó más a fondo. —Y si me odia. —Absurdo, nadie odia a su madre, y con los motivos que usted tiene menos. Le iba a dar un futuro, le iba a dar una educación y no solo una educación si no aquella que ella quería. Usted es su madre, tiene también que sentirse querida. Yo estoy haciendo esto por las dos. Tanto por usted, como por ella. Ana recordó, profundos momentos cuando estaba en la finca con ella, jugando por el amplio patio de la hacienda. Donde jugaban todas las tardes de verano. También la temporada de invierno, en la que jugaban a las muñecas y contaban cuentos. Le encantaba estar con su hija. Algunos cuantos años después, también quería estar con ella. —No quiero intentarlo porque tengo miedo. Miedo de que me odie, miedo de que no pueda ser lo que ella quiere que sea. La amo, es mi hija pero no puedo. La vergüenza me consume, no puedo mirarla a la cara. me merezco algo terrible. —Haga un esfuerzo Ana. Por favor por su hija. Le asegurare que ella no le tendrá odio, se lo aseguro, ella la sigue amando. La ama como cuando eran niñas y jugaban en el patio. La ama. Se lo aseguro. Solo déjeme ayudar. Usted no haga nada, el que lo hare seré yo. Hágame caso por favor. Por su hija piénselo. Ana hizo caso. Pensó por algunos minutos, el muchacho miraba fijamente esperando que ella respondiera, él no se iba a rendir, estaba claro, Ana también conocía muy bien aquella determinación que sentía cuando el muchacho hablaba. Tal vez se dio un segundo para sí, pero después de un largo suspiro… —Entonces como harás muchacho para hacer que ella se encuentre conmigo. —Se me ocurrirá algo de aquí a halla. Le diré que iremos a una cita o algo por el estilo, solo créame que va a funcionar, estarán las dos juntas y solas, para que hablen de todo lo que necesitan porque hay mucho que se deben contar. —Espero que no sea una cosa descabellada. Aquello de lo que vas a hacer. Advirtió Ana. —No se lo aseguro, solo déjeme cuadrar el sitio y la hora. Deme su número de teléfono. Yo le avisare cuando esté listo todo. Seguramente ella estaba haciendo un error que su alma se iba a arrepentir, seguramente estaba haciendo algo que cualquiera que pudiera verla, lo consideraría como hipocresía, pero también tenía la necesidad de ver a su hija. Habían pasado una larga temporada sin su hija pequeña, trece años no eran una tarde. Escribió su número carente de indulgencia en un papel. Y se lo dio a Alex. El miro y lo anoto en el celular, mientras que también lo guardo en la chaqueta. Se levantó de la silla y se estiro, habían pasado dos horas hablando y aquella conversa le había abierto el apetito. Entonces se iba a ir con parsimonia hasta que Ana  mascullo algo, que no escucho. —¿Que dice señora Ana? Se giró y la vio en la silla. Mirándolo fijamente. —¿Amas a mi hija verdad? —La respuesta influiría en la reunión que acabamos de planear. Ella negó con la cabeza. —La amo más que a mi propia vida.  Ana sonrió. —¿Eres su novio verdad? —Algo así Con una sonrisa cómplice regreso a su moto, buscando un sitio para comer. Ana reflexionaba sobre las cosas que había dicho, estaba segura que de un momento para otro, ya las cosas no iban a ser iguales. Tenía aquella sensación de ganas combinadas con melancolía y nostalgia, una combinación letal para una dama. Aunque también estaba feliz. Había encontrado a su hija. Tenía motivos para vivir más en aquella ciudad. Aleisha estaba cerca de ella y solo pensarlo la colmaba de emoción. Se limpió algunas lágrimas que dejaba caer, con una servilleta. Recordó a Alex, su hija había acertado en su decisión era un buen partido para cualquier muchacha. Ese hecho solo le alegro más, su hija estaba en buenas manos, un joven apasionado, guapo y algo novelero. Era una receta perfecta para el amor. Un amor de verdad como el de una madre. Como el que su hija se merecía. Pero que nunca le pudo dar a falta de opciones. Por la necesidad de mejorar por la vida que llevaban, por un deseo de superación que manaba de sus pensamientos. Tal vez por una tontería que cometió en el pasado. Ahora tenía la oportunidad de disculparse, y empezar nuevamente. Alex tenía que planear completamente como iba a hacer, para llevar a Aleisha a la cita con su madre. Aunque usaría una maraña tonta, estaría de acuerdo en llevarla a la cafetería favorita que siempre frecuentaba. Sería como una cita. Pero luego aparecería su madre. Casi que como una película dramática, iba a ser excepcional. Condujo hasta la casa firmemente, se bañó y luego durmió un rato, tanto pensar lo había dejado cansado. Esperaba atentamente a que llegara Aleisha. Iba a ser fácil de reconocer. Aquel movimiento de llaves tan peculiar había quedado grabado en su mente. Pasaron algunas horas. —Maldito Alberto hasta cuando vas a tenerla trabajando… —Mascullo mientras miraba atentamente a la ventana. La calle estaba desolada, parecía una película post apocalíptica. Casualmente al menos, diez minutos después, las llaves hicieron aquel sonido típico de que había grabado antes. Pudo escucharlo con altivez. Entonces salió de donde estaba sola para comprobar una cosa, si era ella. Efectivamente. Lo era. Paso rápidamente por allí. Paso rápidamente hasta que llego a su casa y se acoplo. Luego más delante llego a su casa él. Con alguna que otra risita burlona, inmediatamente Aleisha le abrió la puerta aunque tampoco podía contener las ganas de besarla. Así que cuando lo hizo, se clavó cual vampiro a su boca. —Hola Rosa… te extrañe, ¿porque no llegabas antes?, me estaba empezando a preocupar. —Príncipe Azul. Tenía trabajo. —Sabes con tanto trabajo, tendré que decirle a mi amigo que no te sobre esfuerces porque entonces me enojare. —Tonto. Deja en paz a mi jefe, mira que es primer día de trabajo. No quiero ningún tipo de problemas. El rio con una risa bufa. —Tranquila. Solo lo digo en broma. Aleisha se cambió de ropa, Alex se quedó en la salita bebiendo agua, entonces tomo lo de siempre, para empezar una noche de películas. —Aleisha —Grito el— el domingo, te voy a llevar a un lugar en donde vas a flipar. Te lo aseguro. —Lo dudo… ya casi nada me sorprende… —Contesto desde la lejanía. —Ya lo veras. —Bueno. Enseguida, ella volvió a la salita, él estaba en el sillón, completamente sentado a placer. —Nos hemos acoplado bien. —Hablo ella— sabes muchas parejas tardan años en acoplarse. Y nosotros… —No somos como las demás parejas. —Callo sus labios que fardaban disparates con un beso acalorado. —El domingo te voy a sorprender, ya lo veras. Pudiera ser una advertencia, pero viniendo de Alex también podía creerlo estaba completamente convencida de que iba a ser algo, como las estrellas o como la cabaña. Seguramente estaba en frente de una gran obra de arte, o la iba a llevar a un lugar en el que nunca antes había estado. Llegaría el domingo y así se sabría que era, aquellos que escondía tanto el chico. —Bueno, veremos, pero ahora solo pongamos una película, estoy cansada como no crees. Puso los ojos en blanco. Alex sonrió con malicia.  
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