cap 16

1709 Palabras
Alex entro a la casa. —Príncipe azul, ya regresaste, entonces veamos un película, están súper divertidas. —Tengo que hacer comida, mi rosa… —Pues no la hagas ven y siéntate aquí conmigo. Que más quería que violar su integridad, y entonces arrancarle la ropa, para hacerla suya hasta el extremo de perderla hacer volar. —No puedo violar mi integridad, imagínate lo que pasara si no hago comida, pasaremos hambre. —Pues la pasaremos juntos… Alex se paralizo, se le hizo un nudo en la garganta. Apenas podía hablar. —¿Quieres pasar hambre solo por estar conmigo? Ella no respondió, se tardó tanto que él pensó que no iba a responder nunca. —Sí. —Con sequedad, con corte, con pasión. El corazón del muchacho latió al mil. —¿Enserio? Afirmo con la cabeza. —El hambre es mala mi rosa, no es buena. Ella lo miro paulatinamente apuntando a sus ojos, llenos de conmoción. —Sí, lo sé, ¿pero tú has pasado hambre príncipe Azul? —Si… —Aleisha trago saliva—, Hubo una etapa en la que no podía ni siquiera comer, tal vez por mis emociones, tal vez por mi trauma, tal vez porque no lo quería, adyacentemente que tampoco tenía trabajo, por eso también me fui a este campo yerto. Aleisha inundo sus ojos en lágrimas. —¿Y cómo hacías entonces? ¿Cómo te mantenías? Alex suspiro con nostalgia, aunque puso una sonrisa al par. —Pues, trabajaba duro en el campo, y en otras ocasiones cazaba lo que me dejaba la naturaleza, por aquí hay algunos venados. Pero muy pocos, por eso a veces traía nada. —¿Cazabas con escopeta?—El negó con la cabeza. —Con las manos hasta hacerlo morir. En ese momento Aleisha imagino a Alex casando, arrastrando la bestia con sus músculos rudos hacia la cabañita, para luego despellejarlo y más tarde descuartizarlo para que cupiera en la nevera. Antes de que algún animal viniera a buscar un resto de él. —Eso es duro… —Sí. —¿Y cuando no cazabas? —Pasaba hambre. Ahora imaginaba a Alex pasando hambre, en la fría cabaña, debería ser duro. —Pero un señor se apiado mío, y entonces pudo volverme a hacer creer, le debo todo a ese viejo. Ella puso una sonrisa sincera. —¿Cómo era él? —Era alguien que pudo hacerme creer nuevamente, cuando estaba en malos momentos me echaba una mano, comida, abrigo, ropa, cuando eso ni siquiera tenía dinero para comparar un dulce, había gastado todo en estos cimientos, ni siquiera en la casa, porque no estaba antes de que yo la empezara a construir. Alex tenía una mirada fija a ella, pero estaba recordando el pasado, sus ojos estaban en otro lugar, apostaba que recordaba todos los momentos que paso con Martha… —Tuve que esforzarme por sacar a delante aquel pedazo de madera enterrado en el piso, que parecía ser una viga. Entonces poco después conocí a Martha, precisamente por la casa que me unía a ella, luego nos enamoramos, para eso la casa aún no estaba terminada, pasamos los mejores días de la relación en una casa incompleta, pensando que iba a ser la guarida de nuestros hijos…pero no, eso cambiaria, y cuando se fue, me dejo solo aquí, volviendo a aquella soledad inmensa, en donde nadie me daba nada, ni el calor necesario para seguir continuando,  Precisamente por algunas cosas es que estoy aquí, porque aun quiero saber que le causo que se fuera, mas tampoco tengo algún tipo de sentimiento amoroso por ella, tampoco soy amoral, solo es que me dejo sintiendo el frio que antes sentía, solo fue una fantasía el sentir algo parecido al calor de una familia, en donde tuviera a alguien que me quisiera fervientemente. Pero no importa mi rosa, todo ha cambiado, ya no siento frio, ni tampoco, hambre, tampoco sed, ni calor, estoy bien. Pero todo paso a bese de un trauma. Eso no lo quiero para ti, por eso quiero ayudarte, porque se lo duro que es soporto todos esos sentimientos. Alex termino de hablar, Aleisha estaba muda, le había quitado todas las palabras, definitivamente él no era como el resto de los hombres, que solo se interesaban por el sexo, estaba más que claro, estaba en su corazón, la prueba había sido exonerada, había que ser alguien descorazonado y cruel para entonces no darse cuenta del corazón tan noble que tenía su príncipe azul. Entonces si le decía que No, estaba siendo lo mismo que hacia Martha cruel y amoral, sin ningún tipo de sentimientos en su corazón, in capaz de pensar en alguien más que no sea ella. La prueba concluía en ese mismo instante. Podía confiar en Alex con los ojos cerrados. Le encantaba aquella fase romántica y poeta del muchacho. Cuando sus ojos se posaban encima de ella y parecía que iba a tomarla por detrás hasta que la colmara besándola completamente, parecía que las cosas iban bien, que alguna día, iba a superar todo, entonces su vida también estaba cobrando sentido, se sintió aliviada, pero apenada, ahora conocía más a Alex y se sentía mal, por aquel pasado, había sufrido tanto como ella por la partida de su madre, que siquiera recordaba ya eso… pero Alex estaba allí, valiente contra todo, no podía solo dejarlo así, tenía que brindarle un poco de apoyo, tanto como él lo hacía con ella. > Eran las frases que le quería decir a Alex, pero apretó la mandíbula para que aquel momento la dejara llevar con la corriente. Y terminar haciendo el amor, con él, pero no era tiempo aun.  El momento estaba casi lleno de mariposas por el aire revoloteando para los sueños de la chica, el momento estaba muy delicado, el momento era único como el de una película de romance, entonces lo único que faltaba era alguna manta roja, como el color de su pasión, para matar todas las ganas… Alex se acercó a la cocina para dejar las bolsas allí. —Príncipe Azul, no me dejes sola bien. Aleisha volvía ser ella, no como lo estaba haciendo antes en la conversa algo extraño le pasaba, estaba convencido. —Si está bien, hare comida mi rosa… Ella observo con disimulo como cortaba con el cuchillo, estaba bien guapo, esa faceta ruda y a la vez suave, le daba un toque decidido, era un hombre especial, para ella, entonces porque las cosas eran tan difíciles para ella, dejarse llevar debería ser fácil, pero también tenía miedo de que hiciera lo que el resto de los hombres, que la dejaban después de tener un polvo en especial, él no iba a echar un polvo, le iba a hacer el amor, esa lengua no era tan sucia como para solo echar un polvo, si lo hacía como hablaba, con sentimiento y pasión, caería en sus redes completamente, hasta que pudieran tener algunos hijos. Alex estaba completamente distinto, desde que estaban en la casita. —¿Que pasa príncipe Azul? estas muy callado. —Lo piensas así, pero es que solo estoy pensando. —¿En qué piensas? Espero que sea en mí… Alex se echó a reír. —Claro que pienso en ti, mi rosa… que sería de mí sin mi rosa, es la más caprichosa. Ella le vio con gusto. —Entonces dime lo que te atormenta, dime ¿qué te pasa?, dímelo todo. —Mi vida dulce rosa…  no quiero que te falte nada. —No me faltara nada. Ya te dije en el hambre y en la abundancia. —No quiero que tú la pases. El hambre es horrible. Ella se acercó, se puso al frente de ella, entonces tomo sus cachetes que estaban fríos por el aire y lo acaricio con suavidad, calentando su mentón. —Yo estaré siempre aquí, en el mundo, estaré por ti. No te voy a abandonar nunca lo haría, no soy… no soy tan amoral.—>—Alex yo estoy aquí, y eso es lo que importa, no te preocupes de lo demás. Alex pensó que las cosas que decía Aleisha no le daban lugar a la generosidad, solo estaba pensando en ella, en nadie más. Estaba convencido que nunca tenia a alguien, pero ella también era demasiado para él. No podía soportar que se fijara en él, cuando era un tipo de hombre sumiso y sin dinero. Sus palabras eran deliberantes. Eran absurdas, eran irresponsables, que pasaba eso que estaba sintiendo otra vez, era amor. O era que estaba nervioso por el tacto de su rosa, en su cuerpo. El calor de sus manos era maravilloso Esas caricias eran excitantes, era reconfortarles. La deseaba con tanto pasión que tenía que contenerse, estaban solos en una cabaña podía pasar de todo. Entonces… —Mi rosa es tan arrogante, solo piensa en si misma… —Es tu culpa por consentirme tanto. Agrego rápidamente, con una sonrisa en la cara. No sabía qué hacer, solo la cena, supuestamente las cosas entre ellos se estaban acercando más. La chica se santo en la mesilla del cimiento, donde estaba cortando las verduras. —Poco a poco, todo se logra. Fueron las únicas palabras. Hasta que un trueno, la asusto y corrió a los brazos de Alex involuntariamente asustada. Su cara estaba blanca y pálida. Alex contemplo su dulce calor en su pecho, mientras que Aleisha sentía otra vez aquel pecho duro, esta vez con su quijada. —Mi rosa, tranquila aquí estoy para cuidarte, recuerda, soy muy responsable, solo fue un trueno. Ella aparato la cara de su pecho, cosa que Alex detesto. Pero luego se esbozó en ella una bella sonrisa, acompañada de una carcajada en complicidad.  
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