cap 18

1169 Palabras
—Dibújame.—Dijo rápidamente.—tienes mi permiso, totalmente. Aunque tenga algo de pena contigo se me pasara. —Tampoco lo hare si no quieres. Alex no la podía entender muy bien. —Hazlo. Su voz era más decidida. Hasta sus ojos estaban más decididos que antes, estaban más tercos. Más bonitos. Más seguros. —Sabes yo jamás sería capaz de hacerte nada malo. Te dije que confiaras en mí, porque yo confió en ti. Confiando en mí. Eso nos hace cercanos, eso es lo que me gusta de ti, me crees y yo te creo. —Tengo confianza en ti Alex tengo confianza. Hazlo dibújame. Quiero que me inmortalices. Ya sabiendo que ella mostraba más seguridad, entonces busco rápidamente las cosas que iba a necesitar. Primero que nada le dijo a Aleisha que se desnudara, ello lo hizo paulatinamente, Alex sin perder tanto tiempo, entonces se fue a su cuarto de la cabaña para buscar algunos pinceles papel y lápiz. Los dibujantes siempre tenían un kit preparado, Alex era ese tipo de dibujantes, aunque nunca lo usara mucho, pero sabía que también tenía algunas cualidades con las manos, como el dibujo: desde que era niño se había convertido en una pasión irrevocable. Para él era como el cielo. Le daba una salida de la vida oscura en la que vivía en aquellas temporadas de abusos y marginalidad contra su persona. Era una manera de crear su propio mundo para salir de la realidad cruel en la que estaba. Odiaba estar tan solo y por eso aprendió a dibujar, cuando estaba en esos mundos que creaba con su mano plena, era como si estuviera vagando por un universo distinto. Así había sido desde los once años. Hasta ahora, sin embargo, ahora no iba a pintar un mundo de colores raros, iba a dibujar a una chica completamente bella y desnuda. Aunque fuera una primera vez, también tenía que superarse, habida retratado unas cuantas chicas. Pero solo eso. No lo había hecho sin ropa. Y mucho menos solo en una cabaña con una tormenta como fondo musical. Era una gran oportunidad para medirse como dibujante, era una gran oportunidad para superarse como persona. Y era el mejor de los escenarios para entrar en el corazón de Aleisha. Hasta cierto punto los dolores de cabeza por conseguir una modelo y cumplir ese sueño habían cesado. Entro en el cuarto con apuro, tampoco se molestó en cerrar la puerta, sabía que estaba haciendo frio como para hacer esperar a la chica. Busco en la mesa con dos gavetas de la esquina, siempre permanecía allí las cosas de dibujo y otras herramientas que a veces usaba en su paso por la cabaña. Apresuradamente tiro por error algunas cosas al suelo, pero tampoco se molestó en buscarla. La pequeña maletilla en la que estaban los pinceles y los lápices se dejó ver al fondo de la gaveta, no recordaba porque lo había puesto tanto, aunque era una mala costumbre de meter todo hasta el fondo. Rápidamente regreso a la sala. Bajo las escaleras y ella estaba allí. Completamente desnuda. Sentada sobre sus rodillas, con el pecho airado y con su mirada decidida, cubriendo su entre pierna con las manos. Y tapando los pezones con los codos. Estaba completamente de frente a la chimenea la luz le quedaba perfecta. Aleisha al verlo sonrió con dulzura se veía bella nadie se lo podía negar. La ropa que antes tenía yacía dormida delante de ella doblada perfectamente. Estaba toda desnuda. Solo vestida con su alma. Vio la luz. Vio la oscuridad de sus ojos, era una abismo que lo succionaba para atrás sin dejarlo escapar. Y su piel era la luz que tampoco dejaba escapar, y lo tomaba por completo hasta desintegrarlo. —Estoy lista.—Los pezones estaban rígidos, se notaba que estaba un poco nerviosa, y también estaba completamente ruborizada. Alex tratando de concentrarse se desplazó hasta quedar delante de ella. la chimenea hacia que la luz —Poca luz— que daba a su cara, le diera más tonalidad a su rostro.  Y se viera más decidida pero delicada. Ambas a la vez. Enseguida desenrollo su kit y lo sabaneo delante de ella, luego se sentó con las piernas cruzadas para ocultar la erección. Saco una hoja larga de papel y empezó a trazar algunas líneas, había muchos lápices regados por el piso y algunos pinceles. —Quédate en esa posición. —Ordeno Alex. —Sí. Aleisha estaba sorprendida, no había titubeado a pesar de que la estaba viendo completamente desnuda. Pero tampoco estaba en su pose más sensual para provocar al chico. Solo quería que la dibujara. Como el ordenara que lo hiciera. Luego Alex siguió concentrado en lo suyo. —Parece que sabes muy bien lo que haces te ves muy profesional. Alex afirmo con la cabeza. Estaba consiente que las cosas tales como estaban ahora. Solo hacía que ella se excitara un poco. Tenía ganas de esa lengua traviesa y poeta en la oscuridad de su entre pierna solo para tenerla allí dando círculos. Quera también comerle la espalda. El calor ya no manaba de la chimenea, lo estaba haciendo de ella. Aunque no estaba mojada, sin embargo también tenía aquellas necesidades de tenerlo a él. Alex se concentraba por no aferrarse a ella y comérsela. Devorarla en pasos lentos aprovechando la larga tormenta que no tenía ganas de amainar. Tenía que contener más sus impulsos más sucios que venían de su entre pierna. Abecés la chica sufría de algún respingo. Entonces soltaba un leve gemido, entonces eso para él era la gloria. Mientras que cuando pasaba, también dejaba ver un poco más la entre pierna con alguna dificultad, pero podía observarla.  Se tomaba su tiempo para dibujarla sin que nada lo separara de su mirada, cómplice de una travesura. Los rayos de las tormentas en ocasiones iluminaba completamente la salita dejando ver aquel cuerpo vampírico a punto de ser tomado para su disfrute. Vaya que era bella. Era purpura su color favorito y el de Alex también, le encantaba ese color. Aleisha estaba que soltaba un resoplido de placer, su pecho estaba tan caliente que quería sentir las manos de Alex tocándola. Si con solo su mirada podía causar que se estremeciera. Imagina lo que iba a pasar cuando esas manos estuvieran encima de si escabulléndose por sus curvas. Ladeo la cabeza cuando vio que había acabo el dibujo. > pensó Aleisha inmediatamente. Pero recupero la esperanza al ver que tomaba otra hoja extra grande. —Acuéstate de lado, mientras sostienes tu cabeza con tus brazos, tapate la entre pierna con una sábana y eleva una pierna. La voz de Alex estaba más ronca que antes. Estaba tan bien excitado. La posición que le decía Alex, era totalmente una posición sensual, no solo para él, también para ella. Se sentía como una diosa siendo esculpida por un tallante griego. Alex prosiguió dibujando. Ella pensaba que como se esforzaba Alex, no lo hacía nadie más. Era muy mono.  
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