No le había gustado ver a Bernadette yéndose a su casa y una sensación creciente de protección le permitió convencerse con reticencias de que no había nada de qué preocuparse, de que había sobrevivido a sus padres descarrilados todo este tiempo y continuaría haciéndolo. La chica era más fuerte y más resistente de lo que tendría que ser una joven de quince años y, mientras la veía irse, se sintió como un padre viendo a su hijo ir a la guerra. Mucho después de perderse de vista seguía en el mismo lugar, preguntándose si debía seguirla. Finalmente, la humedad de sus ropas y un creciente agotamiento causado por el alcohol que sacudía su sistema nervioso le hizo irse también a casa- Georgia le había dejado un trozo de pastel de carne y unas patatas asadas en un plato de horno, pero después de

