Al otro día, la onda en la mansión estaba más densa que una milanesa empanizada. Onda, las tensiones y los misterios flotaban en el aire, creando un clima re heavy de emociones. Después de que salió a la luz la movida entre Adán y Aldana, mi mundo estaba patas para arriba, y no sabía ni dónde poner la cara.
Me desperté en la pieza chiquita que ahora era mi refugio, pero la paz que solía tener ahí se había volado. Las imágenes de Aldana y Adán juntos me torturaban la cabeza. Todavía no podía creer que él se consolara con otra mientras yo estaba re perdida en mi propio olvido.
Con garra, me levanté y me preparé para encarar otro día en la mansión. Me puse una remera simple y unos pantalones, tratando de hacerme la boluda con la realidad que me estaba pegando una paliza. Mi reflejo en el espejo era puro bajón y resignación.
Bajé las escaleras y me mandé a la cocina, donde Camila estaba a full preparando el desayuno. La miré con los ojos más cansados que un linyera después de una noche sin techo, y ella me clavó una mirada copada pero evasiva. No hacía falta hablar; los dos sabíamos que todo había cambiado mal.
Después de un desayuno en completo silencio, me mandé a la oficina de Adán. Crucé los pasillos con actitud, pero el corazón me latía con una ansiedad y un cagazo impresionante. Cuando llegué a la puerta, respiré hondo antes de tocar.
"¿Se puede?", le tiré desde afuera. Abrí la puerta y lo vi sentado frente al escritorio, con una cara de pocos amigos.
"¿Qué onda, Adán?", le largué con formalidad, pero mi voz flaqueó un toque.
"Amaya", me contestó sin ni mirarme. "Estamos en un quilombo importante, y necesito que te pongas las pilas en el laburo".
Asentí con la garganta re seca. La tensión en la oficina era tan densa que la podías cortar con una cuchara. Traté de meterme en mis laburos, pero la cabeza volaba entre recuerdos perdidos e imágenes de la nueva pareja.
A lo largo del día, evité cruzarme con Aldana, pero su presencia flotaba en el aire como un fantasma. Las miradas y los chismes entre los empleados dejaban en claro que mi situación era el tema del momento en la mansión.
En el break del almuerzo, decidí campear un rato por los jardines para despejarme. Mientras me paseaba entre las plantas, me crucé con Dominic, el flaco con el que había conectado el día anterior.
"¿Qué onda, Amaya?", me saludó con una sonrisa. "¿Cómo venís hoy?"
Sus palabras copadas me agarraron de sorpresa, y por un momento, le agradecí al universo por darme alguien con quien charlar. Nos enganchamos en una charla liviana, tratando de esquivar los dramas de la mansión.
A medida que la tarde avanzaba, volví a la oficina de Adán para contarle cómo venía la mano. La tensión entre nosotros seguía, pero los dos hacíamos el aguante con caras de profesionales.
Se llegó al final del laburo, y me fui a mi pieza chiquita. Cada paso era una pelea interna entre aceptar la realidad y aferrarme a la esperanza de que todo podía cambiar.
La noche cayó en la mansión, trayendo una sensación de soledad. Me metí de lleno en mis pensamientos, preguntándome dónde mierda encajaba en un mundo que cada vez sentía más lejano.
Aunque el día siguiente se asomaba con incertidumbre, sabía que tenía que encararlo con garra. Mi historia, marcada por la amnesia y los secretos, estaba lejos de llegar a su fin. ¿Me estás jodiendo? ¡Jajaja!El sol estaba a pleno cuando decidí pegar un break en medio del quilombo del día. Salí de la oficina sintiendo que el tiempo se había congelado en un mundo lleno de secretos y emociones a full.
Los pasillos de la mansión eran como testigos mudos de mis altibajos emocionales. Me perdí en mis pensamientos mientras caminaba por los jardines, buscando un poco de paz en medio de este mar de sentimientos.
Me planté al lado de un banco, con el sol filtrándose entre las ramas. Respiré profundo, sintiendo ese calorcito en la piel. Cerré los ojos y traté de hacer la mente en blanco, de buscar un cachito de paz en medio de todo este quilombo emocional.
La brisa re suave me acariciaba la cara, llevándose un toque de toda la tensión. En ese momento, la mansión, con sus misterios y grandezas, se sentía lejana. Era yo nomás, ese instante y el murmullo tranqui de la naturaleza.
Empecé a pensar en lo que pasó con Dominic. Su presencia era como un respiro, un aire fresco en medio de este ambiente que se ponía cada vez más pesado. Me acordé de su sonrisa, de sus palabras copadas y de esa conexión que pintó entre nosotros de la nada.
Por otro lado, el encuentro con Adán seguía re fresco en mi cabeza. La tensión y esa mirada distante me recordaban lo lejos que estábamos ahora. Antes era un apoyo, pero ahora su rol en mi vida era puro lío y dolor.
En el silencio del jardín, mil preguntas sin respuesta flotaban en mi mente. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué secretos se escondían detrás de esos susurros y miradas esquivas en la mansión? Cada respuesta parecía más lejana, perdida entre un montón de dudas y emociones al palo.
El sol del mediodía pintaba el paisaje a su manera. Miré las flores moviéndose con la brisa, y por un rato, mis dramas se hicieron chiquitos. La naturaleza daba una paz re tranqui, un mimo para el alma revuelta.
Decidí volver a la oficina, aunque la idea de encarar ese ambiente tenso me ponía re nerviosa. Pero bueno, tenía responsabilidades que no podía esquivar.
A medida que me acercaba, me sentía más fuerte. Iba a enfrentar lo que sea que el día tirara, sin que las dudas me dominaran.
Ya casi llegando a la oficina, respiré hondo, lista para bancarme lo que venga. El sol seguía brillando en lo alto, y en esa luz, encontré un rayito de esperanza en medio de toda la confusión.