Al día siguiente… Robert por su parte, se halla acucioso, lleva consigo una vergüenza ausente, continua en su postura, que los culpables somos nosotros, por haberle dado rienda suelta a la pasión a sus espaldas, por lo que sus emociones, se imponen cargadas de reproches. Le pregunta a su abogado: —¿Cuándo saldré de aquí? —Me temo que aún no. Tu situación es muy seria Robert. —Pero tengo dinero de sobra, puedo comprar a la justicia. —Te equivocas Robert, lo que le hiciste a tu esposa, traerá consecuencias. —Vamos Marcus, sácame de aquí, tu eres el mejor abogado de este país. —Haré todo lo que esté a mi alcance. Esperemos que tu esposa se recupere, para convencerla de que no te denuncie formalmente. Sino ya sería homicidio en mi primer grado Robert y te esperarían muchos años de cárce

