—Diane, tengo que hablar muy seriamente contigo—me dice Amy con rudeza, no entiendo su actitud. —¿De qué? ¿Qué ocurre? —Vayan niños a ver televisión—les sugiere Amy a mis hijos. —¿Se puede saber, que está pasando? —le pregunto maravillada. —Diane, no puedo creer lo lejos, que has llegado con el doctor Andrew. —¿Cómo te enteraste? ¿Mara te dijo algo? —Que me va a decir esa amiga tuya, si seguro es tu alcahueta. Me enteré por pura casualidad, hoy al ir a la clínica del doctor, por un malestar que sentí en el mercado. —¿Estas bien? —La que no está bien eres tú. —¿Qué vistes? —Te vi, cómo te ibas con el doctor en su auto, iban muy sonriente y no me digas que solo son amigos, vi la complicidad entre ambos. —Amy déjame explicarte. —Te volviste loca Diane, no piensas en tus hijos y ta

