¿Acaso siempre fuiste tan dulce? La luz se filtraba en aquella habitación de hotel. Nickolas y yo habíamos decidido dormir en un hotel cercano después de nuestra pequeña sesión de amor. Me dolía totalmente el cuerpo, pero no me molestaba, sentía un cálido abrazo atrayéndome hacia un erecto Nickolas algo que me hizo reír. —Buenos días, Ma chérie (Mi amada) —hablaba en un tierno ronroneo dándome un suave beso en la frente —¿Cómo dormiste? —Demasiado bien ¿Y tu? —¿Me creerías si te digo que es la mejor noche que he tenido en estos últimos cinco años? Últimamente si dormía tenías pesadillas. Una mirada amorosa, una mirada tierna fue lo que pudimos ver. Ambos sonreímos sin querer despegarnos, sinceramente me sentía en paz. —Nickolas, adoro tenerte, así y todo, pero debo ir a ver a mi hija

