El perdón es uno de los mejores dulces Nickolas Bailly Sentía un suave toque en mi espalda el cual me hizo levantar mi cabeza pues tenía los ojos cerrados reposando. Me había mantenido en la habitación de Leanette desde que obligue que la subieran a una habitación VIP pues tras la cirugía Leanette no despertó. Ella había pasado las horas de riesgo de veinticuatros horas, pero al parecer una mala práctica con la anestesia la mantenía postrada en aquella cama. Iba a demandar a aquel hospital por ese error, pero actualmente mi preocupación era que mi amada saliera de ese estado de coma. Habían pasado tres días, apenas había dormido además de que todo el tiempo le mantenía agarrando la mano de Leanette como si eso le diera un motivo de salir de aquel coma. —Nickolas, ve a descansar un rato

