Voy detrás de Daemon, detrás de mi Bruce y a nuestro lado, formando entre todos dos paralelas, van Alice y Cam. No decimos nada ninguno mientras seguimos a Bruce, uno de los cinco chicos a quienes encontramos en el bosque. Va seguro de si mismo y no duda en que dirección coger. La ciudad es enorme, y aunque hay mucha, gente, mercados, niños, casas... no hay vida ninguna. Nadie sonríe y ese brillo especial que solemos llevar en los ojos, nadie lo tiene. Los niños no juegan, solo trabajan o están sentados mirando a la nada. Sus padres no les riñen, aunque a lo mejor ni si quieran están allí. Da escalofríos estar allí, todo a perdido la viveza, son marionetas, carcasas sin vida. Mantengo mi cara fría, e intento no mostrar ninguna expresión cuando los miro. Ninguno hacemos movimientos brusco

