CAPÍTULO 4

1433 Palabras
-¡No me lo puedo creer Delia! -grita mi madre. Acabo de terminar de contarle todo y está a punto de darse chocazos contra la pared, o chocarme a mi contra ella, creo que se lo esta pensando.  -¡Le has elevando la voz al príncipe! ¡Le has dicho lo que te ha venido a tu cabeza, sin pensártelo dos veces y no has pensado en las consecuencias! ¡Te han condenado a juicio! Y para terminar, como no has tenido suficiente por lo parecer, has causado un cortocircuito ¡Un cortocircuito! Puede que eso último debería habérmelo guardado para mí, así me habría ahorrado una buena parte de la bronca. -Lo siento, mamá. Pero es que no quería seguir allí. La razón era una estupidez ¿por decirle dos verdades quieren llevarme a juicio, para ejecutarme? ¡Que no estamos en la Edad Media! Además ninguno se dio cuenta. Siento que en vez de vivir en este siglo me he quedado varios siglos atrás. No parecen hombre lobos, son malditos trogloditas.  -¡Eso es lo de menos! -grita y se le llenan los ojos de lágrimas- ¡Te han condenado a juicio! -Si, respecto a eso... Ya pensaremos algo... Pero no pienso dejar que me maten, no teniendo estos poderes a mi alcance. No me mataran por una tontería. Mamá no voy a permitirlo. ¿Vale? No te preocupes. -Eso espero... -dice mi madre abrazándome. -Dios, ni si quiera voy a castigarte ¿para que? Solo, no te metas en más líos ¿vale? No gano para tantas preocupaciones.  Asiento. Ella me da un beso y sale de la habitación. Al día siguiente despierto con ojeras y la cara más pálida de los normal. Esto es lo que pasa por estar leyendo hasta las tantas, no aprendo. Me ducho y me visto con el uniforme. Me aplica base y corrector. Algo de polvos y colorete para darme color sin ser una pepona, un poco de rímel, raya y labial claro. Me pongo las lentillas y bajo a desayunar. Me despido de mi madre y Stephen salgo de casa.  Llego al instituto y aparcó la moto en el mismo sitio de antes. Observó cómo están todos situados. Niall, su novia, sus amigas y los populares están en la zona más ancha y espaciosa, mientras los demás, que no son populares, están en la otra parte más chica, mientras que ellos son más que los populares. Esto es injusto de verdad. Observó a Niall y él también me está mirando. Nuestras miradas conectan pero yo la aparto y niego con la cabeza, en signo de desaprobación sin mirar a nadie en concreto.  Agarro la mochila y me la cuelgo en el hombro de un asa. Le mando un mensaje a una viaja amiga, no muy íntima pero sí que tuve cierta relación de amistad con ella el último año, felicitándola por su cumpleaños. Guardo el móvil y me dirijo hacia Lydia y su grupo. Cuando me ve corre a abrazarme, yo gustosa acepto el abrazo. -¡Tía no me puedo creer lo que le dijiste ayer a Niall y al director! -responde cuando se aparta. -¿Qué? ¿Cómo sabe ella de eso? Yo no le conté nada a nadie, ni siquiera le hable a ella ayer. Además no creo que Niall se lo fuera contando a todo el centro.  -Todo el instituto se ha enterado, aunque nadie sabe cómo se ha esparcido. ¿Todo el mundo? Aparto mi mirada de ella y miro a mi entorno, todos cuchichean y algunos hasta me señalan. Confirmado, lo sabe todo el instituto-universidad. Todo.  -¿Todo el mundo sabe lo que le dije ayer al principito? -digo entre preocupada y divertida. A ver, gente, sigan con sus vidas que están metidas en todo. -¡Si! ¿Cómo lo has -suelta una risita- llamado? ¿Principito? -Calla, Lydia. Te van a oír, y si lo he llamado así.  -¡Estas fatal! -gtita. -Lo se, y desde hace tiempo. -suelto, como si la cosa no fuera de mi. Me acerco a los demás y los saludo a todos con una sonrisa y un simple "hola". A lo que Aarón responde alegre, Mary me saluda alegre con la mano, intentando que no se le caigan el montón de libros que lleva encima, Arthur solo sonríe, Nancy me da un gesto de cabeza y Jacob me sonríe apurado mientras se va corriendo diciendo que llega tarde a alguna clase extra a la que se ha apuntado.  Me despido de todos y me dirijo a mi próxima clase. Esta hora no me coincide con ninguno. Entró en clase y me sitúo en una de las mesas del final. Algunos alumnos ya se han sentado pero hay poca gente. Empieza a venir gente y se van sentando. Por último entra el profesor. Unos veinte minutos después de que el profesor entre la puerta es abierta. Niall entra en la clase con paso despreocupado e inspecciona la clase. El profesor no le riñe ni le pide explicaciones. Es el príncipe ¿las clases no deberían ser importantes para él? Incluso más que para el resto de la clase ¿no? Veo que mira el asiento vacío situado al lado mía, el único libre y los dos bufamos mientras él se acerca. Se deja caer en la mesa de al lado mía y me mira, me lanza una mirada nada simpática, yo le respondo con una sonrisa sarcástica. ¿Qué mejor compañero que don príncipe imbécil? Siento como me mira y yo no me concentro en la clase. -¡Quieres dejar de mirarme! -susurro gritando. No creo tener monos en la cara. -No seas tan creída, no te estaba mirando. No sé si es imbécil o se cree que lo soy yo. -Verdad, lo siento, estás mirando en mi dirección, justo donde estoy yo, pero no me estás mirando. Gracias por la aclaración. -le digo tranquilamente. Esto seguramente lo irrite. Él me mira furioso pero me deja en paz. Cuando toca la campana él se va de los primeros y yo de las últimas. Cuanto más alejados estemos el uno del otro, mejor para los dos.  Me cuelgo la mochila y salgo con paso decidido de la clase. Siento como estiran mi brazo y me acorralan contra la pared. Niall mira fijamente mis ojos yo le devuelvo la mirada sin una pizca de miedo. Esto se esta volviendo ya una costumbre.  -He decidido no hacer el juicio, eres nueva y humana, he decidido darte una oportunidad, pero no me cabrees y no me hagas cambiar de idea. Dicho esto me suelta y se va caminando. Se pierde entre los estudiantes y yo tengo una sonrisa de tonta en la cara. ¡No hay juicio! Aunque que no piense que a partir de ahora me voy a callar lo que que pienso. Eso nunca. Callar cuando algo tiene que ser dicho es como morir. A la hora del almuerzo llego a la cafetería y me siento con Lydia y los demás chicos. Se nota que el ambiente en la cafetería es más tenso. Niall, Sandra y sus amigos restan sentados en una mesa en todo el centro. Charlan animadamente y sus voces destacan por toda la cafetería. De vez en cuando miran a su alrededor y hacen caras de asco o desprecio. ¡Ni que fuéramos ganado! -¡Vaya príncipe y futura princesa -si Niall llega a aguantarla durante mucho tiempo- hay aquí! -les suelto susurrando a Lydia y Nancy. Ellas abren exageradamente los ojos y la boca por mi comentario. Después sueltan una pequeña risita pero ninguna dice algo. Los demás en la cafetería no hablan alto y no miran en dirección de esa mesa. Veo como Sandra saca una lima y se lima una uña mientras observa su mano extendida ante ella. Se ha acabado su bebida y algo de comida pero el puré de patatas está intacto delante de ella, en un cuenco. Veo como ella coquetea con su novio y hablan de cosas mientras miran de reojo a algunos empollones, ninguna vez mira a esta mesa y eso me hace sonreír un poco, no quieren que los dejé en ridículo otra vez. Pero a la vez me da coraje, por ser más poderosos se creen los mejores y creen que tienen derecho de despreciar a los demás. Mientras Lydia habla con Arthur y los demás yo, disimuladamente, meto mi mano debajo de la mesa, compruebo que no nadie me observa, y efectivamente es así, concentro mi mirada en Sandra. Muevo mí mano y hago que el cuenco se tambalee levemente. Una vez se que tengo controlado el cuenco con el puré de patata, muevo bruscamente el cuenco. Solo quería derramarle un poco pero el movimiento ha sido muy brusco y ha caído todo encima de Sandra. Sus uñas, su rostro, su pelo y todo su uniforme en miniatura están manchados. -¡Aaaa! ¡Mi uniforme! ¡Mi manicura...! -grita y se levanta bruscamente. Yo me tengo que tapar la boca para no reír. Perdón Sandra.
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