—Siento haber destrozado tu coche. Una pausa. —Por destrozado, me refiero a los laterales. Y destrozado el parachoques. Y perdí la matrícula. Otra pausa. —Y te puso dos multas de aparcamiento. Otra pausa. —Sé que el trabajo de pintura no será barato. Y creo que me pasé un poco con lo de 'destrozar' tu coche. Porque es una puta ruina—. Resoplo no muy sutilmente, pero a Demian no le hace gracia. Se limita a mirarme con ojos duros como la piedra. —Perdona. No, de verdad. He ido demasiado lejos. —Fuiste demasiado lejos—. Lo repite, como si intentara convencerse a sí mismo también. —Sí, lo hice—, me encojo de hombros, con los dedos clavados en la arena. —Tengo algo de dinero ahorrado. Pagaré los gastos, lo juro. Él sacude la cabeza. —No pasa nada. Lo tengo. De todas formas me merecía

