—Hijo de pu...—, le siseo a Demian cuando volvemos al ático. Cierra la puerta tras de sí con un gran suspiro. —Estupendo. ¿Qué he hecho ahora para provocar tu ira contra mí? —Ya lo sabes—. Le digo con desprecio. Se cruza de brazos y me mira. —En realidad no lo sé. —Tú... Tú... ¡Me besaste en la mejilla! —¡Qué escándalo! Mi cara se pone roja. —Demian, me besaste solo para demostrarle algo a Nate. Le vi después de que lo hicieras. Estaba absolutamente destrozado. —No tengo ni idea de lo que estás hablando—. Tira su bolso al suelo y salta al sofá. —Mentira—escupo. —Lo hiciste solo para fastidiarle. No puedo creer que hicieras eso. ¿No es tu amigo? —La verdad es que no. —¿En realidad no?— Digo, casi desconcertada. Siempre supuse que Nate y Demian eran amigos por aquello de compar

