Capítulo 6

3895 Palabras
Tres años antes Exactamente un año atrás había logrado entrar a la universidad. Y no era híbrida o virtual como estaba acostumbrada, si no presencial con edificios hermosos, aulas de todo tipo, compañeros variados y laboratorios increíbles. Mi hermano fue quien me convenció de intentar entrar a una universidad, pues mi plan original era quedarme acostada mientras me retorcía en mi propia miseria y esperaba a que milagrosamente mis problemas desaparecieran. —Está bien llorar y remojarse en el fracaso durante un rato —me había dicho Karim muy serio—. Pero no puedes escapar de tu realidad. Llora, recóbrate y pelea, tienes un mundo de oportunidades allá afuera —me miraba con tanta ternura que empezaría a llorar—. Y no estás sola, Vi. Ya no. Karim también conocía el mito del Montero Celestial, él sabía en términos generales de qué trataba y también era consciente de que era muy probable que se refiriera a mí. Sin embargo, desconocía a nuestra tía y nuestra prima quien según había nacido un día antes y resultó nacer el mismo día que yo. —No la odies, no es su culpa —Karim intentó proteger a Siena—. La tía no debió ocultar información, en tal caso, ella provocó el terrible malentendido. Y era verdad, si desde el principio ambas hubiésemos sabido que alguna de las dos sería nombrada Montero Celestial, estaríamos preparadas, no habría decepciones ni disgustos, pues desde el principio habríamos sabido que tanto podíamos ser como no ser. Karim logró hacerme salir de la cama, casi me obligó a estudiar para el examen de admisión y, sobre todo, me ayudó a ver qué es lo que querría hacer en un futuro. Había elegido psicología porque era una forma de trabajar sin tener que estar amarrada a un horario fijo, me parecía que tendría cierta libertad. No tenía tiempo de preocuparme de si me apasionaba o no, de si me veía trabajando en una empresa o dando consulta o haciendo algo totalmente diferente. Mi prioridad era matar místicos mientras el resto del día lo vivía en modo zombie. Y cuando tuve la oportunidad de hacer una introspección para conocerme a mí misma, supe que de todas las materias que llevé durante de la preparatoria, la más difícil para mí y la que más odiaba era química. Y la elegí como carrera porque sería un reto para mí. Podría trabajar en una empresa de cosméticos, en grandes laboratorios, en farmacéuticas o vería en qué, pero en aquel momento me pareció una buena idea. Llevaba cuatro horas metida en el laboratorio esperando a que se llevara a cabo la destilación de un compuesto. Ya habíamos terminado todo el trabajo teórico y solo debíamos esperar a que lo práctico arrojara los resultados que esperábamos. —¿Qué dirías si te propongo beber hasta el amanecer? —susurró Daniela en mi oído—. Todo seguro, una casa cómoda y cuando mucho unas siete personas. La miré. Su sonrisa traviesa que solía aparentar inocencia solía ser irresistible para unos, pero en mi caso, había sabido desconfiar de aquello que parecía no romper un solo plato y que al final resultaba ser lo más malévolo del mundo. Ajá, hablaba de los malditos duendes. Daniela no era para nada como ellos, su alma era pura mientras que los elementales eran perversos, pero Daniela era muy convincente para algunas cosas. —Diría que suena falso. Ella soltó un quejido. Llevábamos un año conociéndonos, era un año menor que yo, pero a veces sentía que nos separaba un enorme abismo. Cuando Karim vio el resultado del concurso de selección de la universidad y resultó que fui aceptada, prometí dar todo de mí e incluso más para hacer que funcionara. Porque ya había perdido mucho, no estaba dispuesta a hacer tonterías para perder lo que acababa de conseguir. Karim vivía bastante bien, claro que él tenía ocho años más que yo, pero lo había logrado. Tenía un departamento bien ubicado, pagaba a tiempo todos los gastos, siempre tenía comida en el refrigerador y además criaba de forma increíble a una iguana. Una vez incluso la vi durmiendo en su cama porque se escapó de su jaula. Fue de lo más extraño. A él le había costado esfuerzo, sacrificio y trabajo, algo que yo también estaba dispuesta a hacer. Karim no tenía una buena racha en el amor, pero era exitoso en su trabajo como contador en un despacho. Sus clientes estaban encantados con él y le agradecían llevar su situación fiscal de la mejor manera. Ahora, yo tampoco tenía una buena racha en el amor, pero intentaría ser una profesionista exitosa. Los primeros meses fueron pesados, cada recuerdo de Lucas dolía como la mierda. A veces soñaba con la ceremonia y en lugar de ver a Siena coronada y a muchos monteros jurándole lealtad, la coronada era yo. Nos dirigía a la guerra por el día eterno y era una líder ejemplar. Cuando despertaba, la decepción era arrasadora, pues durante unos minutos todo parecía alegre y real y al siguiente la cruda realidad me golpeaba. Recordaba a Ariana y a Josué, no me pude despedir de ellos. Una parte de mí seguía resentida con Ariana, probablemente siempre lo haría, pero Josué era un caso diferente y a veces imaginaba que iba caminando por la calle y sin querer nos cruzábamos. Nos abrazábamos, él me ponía al tanto de la situación con los monteros y yo le platicaba de mi nueva vida como humano normal. Prometíamos ponernos en contacto y quedar para platicar, conservar nuestra amistad. Dada la vida tan peligrosa de un montero, ellos dos bien podrían estar muertos. Fue gracias a Dani, a Karim y a Jossy que logré salir adelante. Mi hermano y mis amigas me hacían ver la vida menos gris y al final logré volver a sonreír. Pero no había hecho ninguna tontería, nada de beber, de fumar, de drogarme, ni siquiera… Bueno, sí, seguía virgen. Lucas ya no era parte de mis sueños, su recuerdo me seguía doliendo, pero su imagen cada vez aparecía menos y solía distraerme de mil formas como las clases de crossfit o las clases de natación. Además, estaba apuntada a danza aérea y aunque sufría demasiado estando en las alturas, me ayudaba a no pensar en mi miseria. —Vamos, Viviana —se lamentó—. Llevamos un año siendo amigas y no hemos bebido una sola vez. —Porque no bebo, ya te dije. —Pero, ¿por qué? —observó las gotas caer—. Si es por cruda o cruda moral yo también he tenido. Se te pasa. Juras jamás beber de nuevo, pero lo superas y vuelves a beber. Pero es que ella no había perdido la dignidad de la manera en que yo lo hice. De no haber sido por mi estupidez, Lucas no se habría enterado de mi enamoramiento y no habría intentado alejarme. Esa noche fue la que cambió todo. —Solo no me gusta… ¿Va a ir Jossy? Jossy era la chica más extrovertida que jamás había conocido. No me consideraba tímida en absoluto, se podría decir incluso que mi seguridad en mí misma rayaba en el egocentrismo. Se lo atribuía a mi época como montera, pues nos la vivíamos compitiendo, debíamos confiar en nuestras habilidades y sobre todo en nuestros instintos. Una vez que dejé de lado la vida sobrenatural me di cuenta de que también era capaz de hacer otras cosas bien como nadar, bailar en el aire sosteniéndome de una tela y estudiando reacciones químicas increíbles que casi parecían magia. Y no tenía problema alguno con demostrarlo. Y era sociable, no al nivel de tener amigos esparcidos por todas partes, pero sabía caerle bien a la gente y siempre tenía tema de conversación. Pero Jossy hablaba hasta con las paredes, no entendía como éramos tan amigas si Daniela era tímida, yo era el punto medio y Jossy era el alma de la fiesta. —Claro que va a ir —Dani dijo como si fuera obvio—. Ella me pidió que te convenciera. Y eso era lo que me aterraba. Jossy salía de fiesta cada fin de semana, no tenía límites y de alguna forma siempre tenía planes para el after. Estar con ella significaba que podríamos terminar en la playa sin recordar cómo llegamos hasta ahí. Una vez chocó su auto contra un poste y ella durmió en el pavimento hasta que un conductor pasó cerca y llamó a la policía y a una ambulancia. —Podemos intentarlo el año que entra si solo estamos nosotras tres. —No, Viviana, ya es hora de que superes lo que sea que te ocurriera y abras las puertas de tu nueva vida. Yo no le había contado que provenía de un linaje de monteros antiguo y que todos mis sueños habían sido destrozados, pero sí sabía que había pasado por algo triste y complicado que me negaba a relatar. Ella pensaba que se trataba de un simple corazón roto y lo era, pero también era que la humillación jamás desaparecería de la historia de mi vida. —Hagamos un trato —podía intentarlo, siempre podía escapar si algo salía mal—. Voy, pero a las diez me voy. —Eso me sirve, Vivia —Daniela alzó un pulgar—. Estoy dentro. Sabía que me iba a arrepentir, pero también sabía que la hora de dejar todo atrás para siempre había llegado. Aquella noche no fue algo tranquilo en una casa segura con siete personas cuando mucho, fue un bar que tenía bebidas de todos colores y sabores, con música tan fuerte que debía gritar para hacerme escuchar y un tumulto de gente que se apretujaba sin importarle el sudor y el calor. Había sido pésima idea, lo que le seguía. Jossy estaba contenta y más que nada ebria. Su mirada bobalicona y sus palabras arrastradas lo decían todo. Llegó a abrazarme con fuerza y se rio. —Eres increíble Vivia, te juro que te adoro. Sí, claro. Eso mismo ya se lo había dicho al menos a cinco personas, dos de ellas que justo hoy había conocido. La canción cambió y por los altavoces sonó una canción viral, cuyo máximo apogeo se había dado en el último mes y que Jossy catalogó como su canción. Soltó un gritito emocionado y saltó directamente a la pista de baile. El mesero trajo la bebida y probé el líquido rojo brillante sabor cereza. Ya me había tomado un mojito, esa sería mi segunda bebida y me había dado un límite de tres. Dado que ya eran las diez de la noche, decidí darme hasta la medianoche para seguir disfrutando de una velada que iba mucho mejor de lo que había imaginado. —Jossy se está conteniendo, ¿sabes? —Dani se sentó junto a mí—. No quiere asustarte. —No me asustaría verla en peor estado. —Pero de salir con nosotras, ella en verdad te aprecia. —¿Y tú no? Dani abrió la boca, indignada, parpadeó varias veces y volteó la cabeza como si la hubiese ofendido. —Es un insulto que lo digas —chilló por encima de la música—. Si yo fui quien te habló antes. En realidad, fui yo quien le habló primero a Dani, pero no iba a discutir por ello. —Y solo venía a decirte que hoy es el día en que dejaré atrás mi timidez para hablarle a ese chico de ahí —señaló a un moreno de cabello corto—. Es de la carrera también. En mi vida lo había visto, aunque no era como que conociera a todos los de la universidad. Dani siempre hablaba de que le gustaba ese o aquel, el alto o el bajo, el que conoció ayer o el que había conocido hace medio año. El problema es que nunca les hablaba, era tímida y no podía formular una oración coherente sin caer en balbuceos. Habíamos estado trabajando en ello y era momento de ponerlo en práctica, bien por ella. La vi revolotear alrededor del chico durante unos minutos, después reunió el valor necesario y se sentó con él a platicar. Y entonces alguien cayó a mi lado pesadamente, fue tan súbdito que por un momento creí que había sido un error. Hasta que lo vi. Lucas no había cambiado mucho, tenía el cabello más largo y rebelde, una cicatriz pequeña adornaba su mejilla izquierda y el brillo en sus ojos se notaba mucho más refulgente. Se veía feroz y por mucho, era el hombre más caliente en el bar, vi algunas chicas mirarlo sin decoro y a algunas otras murmurar emocionadas. Pero él solo me veía a mí, sus ojos me analizaron profundamente, como si en lugar de un año hubiesen pasado diez. Como si hubiese cambiado radicalmente cuando en realidad yo seguía siendo la misma, pero en circunstancias diferentes. Se me cortó la respiración, mi pulso se aceleró a una velocidad que dudaba fuera compatible con la vida por mucho tiempo y un nudo apareció en mi garganta. Era él, lo tenía frente a mi en carne y hueso y no solo como un recuerdo borroso que clamaba por olvidar. Claro que me iba a encontrar, siempre cargaba conmigo el bendito localizador por si alguna vez necesitaba verme. . Fueron sus palabras y yo siempre le fui devota como para no fallarle, o al menos hacer el intento de no hacerlo. Al principio creía que me iría a buscar un par de semanas después de la ceremonia de coronamiento, me gustaba imaginar que estaría metida bajo las sábanas restregándome en mi tristeza y que de pronto tocarían a la puerta, que él me diría que lo había pensado y que se había dado cuenta de que no podía simplemente ignorar su amor por mí. Y así me dijera que debía volver al cuartel y solo podríamos vernos una vez al mes o incluso cada dos meses, yo lo aceptaría, gustosa. Y si me pedía volver, lo seguiría sin dudarlo. Pero eso no había pasado. Seguía sin aceptar el hecho de que existía la posibilidad de jamás verlo de nuevo, en mi mente debíamos vernos una vez más. Solo que no así. Aquí. Me envolví en una coraza de realidad para evitar desilusionarme, porque debido a la ingenuidad me había lastimado yo sola. Estaba feliz de verlo, pero primero debía de saber qué quería. Aún así, mi sonrisa fue grande y genuina, él solo esbozó una pequeña sonrisa, como si no quisiera demostrar que se alegraba de verme. Y eso dolió. —A que tardaste en recordar a esta belleza —dije señalándome con actitud juguetona, pero seductora, él suspiró—. Nuevo año, nueva yo. —No creas que no me da gusto verte bien y completa —quise tomar su comentario como un cumplido—. Pero creí que serías más responsable. El malhumor se posicionó sobre mi cabeza. —Y yo que me estaba alegrando de verte. Nunca había fumado, desconocía el sabor y la sensación de hacerlo, pero cuando vi la cajetilla abierta, pensé que estaría bien tomar uno y más si debía soportar un discurso sobre la sensatez. Tal vez me viera como toda una malota, tal vez me viera en onda. Lo que sea que eso significara. —No sabía que fumabas. Lo ignoré, tomé el encendedor de la mesa y prendí el cigarro sin detenerme a pensar mucho en qué hacer a continuación. Inhalé profundamente y tragué el humo, sin embargo, me provocó tal picazón, que comencé a toser como para expulsar mi pulmón. —Creo que no lo haces. El idiota se miraba divertido y sonrió. Se veía como el Lucas de antaño, el que era antes de que cometiera el error de confesarle mi amor y aquel que sabía como darle luz a mi vida. —Adelante —dije irritada—. Búrlate, pero mientras dime qué asunto te trae por acá. —La luna, Vi —dejé pasar el apodo—. Hoy hay luna de sangre. Me congelé en el asiento. Eso no auguraba absolutamente nada bueno. La luna de sangre ocurría con poca frecuencia, tampoco es que fuera tan rara, pero sí podías vivir un rato sin preocuparte por ella. Así que no me había molestado en revisar el calendario y no me había enterado. Su puta madre, debíamos salir de ahí. Mi hermano y yo sabíamos que durante el primer día de una fase de luna no había que salir y siempre trataba de mantener ocupadas a mis amigas esos días para evitar que les ocurriera algo, pero no me asustaba. Lo que me asustaba era que estábamos afuera y en cuánto dieran las doce, las ocho razas de místicos cruzarían al plano terrenal y harían de las suyas. —¿Y qué haces aquí? —preguntó casi sin respiración—. Deberías estar preparándote para matar místicos. —Tenía que avisarte, ya se me hacía raro que estuvieras al exterior. Una parte de mí quería sentirse ofendida por el hecho de que me vigilara de esa forma, casi como acoso. La otra parte de mí se sentía soñada porque le importaba lo suficiente como para venir a avisarme antes de cumplir con sus obligaciones de montero. El sentimiento que siempre estuvo ahí, recobró fuerza, yo lo amaba, lo seguía amando. Me incliné hacia él, iba a besarlo, solo un roce, pero entonces apartó la mirada y se apartó de mí. Fue solo un reflejo, duró apenas un segundo, pero su mirada se dirigió hacia el exterior. En ese momento deseé no haber volteado porque el ver a Siena recargada en un poste tan hermosa como si no estuviera lista para matar místicos me destrozó de una manera que jamás creí que podría. Ni siquiera estaba volteando para acá. No necesitaba tener un coeficiente intelectual por arriba del promedio para darme cuenta de que ellos dos tenían algo, no por nada Lucas la volteó a ver cuando estuve por besarlo. Cuando lo miré, sentí un odio que jamás podría definir, mi cabeza punzaba y mi pecho dolía. Sentía tanto a la vez, que creí que iba a morir. —Vi… Escucha, no es lo que piensas… —¿No estás con ella? Él apartó la mirada, una pizca de culpa en su mirada. —Bien, sí es lo que piensas, pero… —¿Por qué con ella? Mi voz era veneno puro, imaginé que mi expresión era asesina, pues Lucas se alejó un par de centímetros. Tenía tantas ganas de golpearlo, de gritarle, de hacerle sufrir tanto como yo estaba sufriendo. —No creo que haya una razón específica, solo pasó —se encogió de hombros—. Escucha, Vi… En cuánto oí el apodo, no pude más. En aquel momento se abrió una g****a en mi interior que jamás se podría cerrar, un profundo dolor se acomodó en mi interior y supe que se quedaría ahí para siempre, sería crónico. Verlo era como si me enterraran una daga una y otra vez en la misma herida, como si quemaran mis órganos a fuego lento y como si peleara por aire mientras me hundía más en el agua. Y cuando hablé, lo hice desde la faceta más turbia de mí. —No me llames así —siseé mientras me acercaba a él—. A partir de ahora, para mí no existes. Esto de aquí —me quité la pulsera que guardaba el rastreador—, se puede ir a la chingada. Tú y yo no somos familia Lucas, tú y yo no somos una mierda. No me hables jamás, no me busques de nuevo —su expresión fue neutral, pero no podía no sentir nada, estaba segura—. Porque si te vuelvo a ver te voy a matar, te voy a hacer sufrir tanto como yo estoy sufriendo y vas a desear no haberte escondido en esa maleta de mierda. Fue un golpe bajo, algo que jamás creí ser capaz de hacer, pero en ese momento estaba fuera de mí y solo quería olvidar, hacer desaparecer toda mi aflicción y liberarme. Solo quería dejar de sentir. Tiré la pulsera al suelo y de un solo pisotón la rompí, incluido el rastreador. Fue entonces que vi un brillo de preocupación en su mirada. Pero no me importó. Ya nada me importaba. Lo dejé solo en la mesa y me fui a unir a Jossy en la pista. Un tipo desconocido se acercó a bailar conmigo y lo dejé, cuando intentó besarme no me aparté y me dejé llevar por una sublevación desconocida. Bebí, fumé, bailé y finalmente perdí mi virginidad con un imbécil desconocido a quien no recordaría más tarde y j***r, se sintió malditamente bien. La luna de sangre se podía ir a la mierda, casi quería que me atacara un místico para poder desahogar toda mi furia. Pero no fue así, ningún místico me atacó en todo el tiempo que estuve fuera, a pesar de que me esforzaba por salir en las madrugadas durante cada fase lunar. Aquel día me liberé y me convertí en una versión de mí de la que no estaba orgullosa, pero me daba fuerza para salir adelante y seguir bien. Me dolía como el infierno que Lucas no me eligiera, él tenía todo el derecho a amar a quién fuera con la magnitud que él quisiera, pero que fuera Siena era un suplicio. No era su culpa, pero me había quitado mi título y al hombre que amaba y eso era más de lo que podía soportar ¿Por qué Lucas debió traerla? Todo habría estado bien si no la hubiese visto. Pero lo había hecho y no se podía deshacer. Viviana había renacido, una Viviana dispuesta a olvidar, a no sentir y a dejar para siempre ese maldito mundo atrás. A partir de ahí todo se resumió en alcohol, tabaco, drogas y sexo. Tirarme a los excesos fue la mejor decisión que había tomado desde que dejé a los monteros atrás. Me ayudaba a concentrarme solo en mí, a olvidar todo lo que me dolía, a no sentir más que placer. Era divino. Jossy y yo hicimos un muy buen equipo, tanto que en algún momento Dani no pudo más y se alejó de nosotras. Lo entendía, éramos de lo más tóxicas. Mi hermano se hartaba cada vez más de mí, sus regaños se hacían más frecuentes hasta que un día simplemente no pudo más. Él hecho de que me echara de su casa fue lo que necesité para caer hasta el fondo. Y lo peor es que yo me había buscado todo. Cuando contraje VIH debí haber aprendido la lección, pero la realidad fue que lejos de sentirme asustada, me sentí aliviada porque tal vez podría morir. No tenía el valor de matarme a mí misma, al menos no con un balazo o con una soga, pero me estaba matando lentamente y no me importaba un carajo. Había fracasado, de la supuesta Montera Celestial ahora solo era una chica enferma cuyos excesos serían su perdición y que no podía controlar su propia vida. Y estaba bien, lo había aceptado, estar en el fondo era cómodo de alguna u otra forma. Lo mejor era que no sentía y no sentir era el mejor alivio que podía tener.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR