De nada sirve luchar contra un experto cuando uno lleva cuatro años sin practicar movimientos, sin condición y sin noción de lo que es ser un guerrero. Pero algo que no toma en cuenta el cuerpo a la hora de enfrentarse con algo o alguien, es la ira; aquella emoción que te lleva al límite y te incita a sacar lo más oscuro y profundo de ti. De pronto quedan olvidados los días de flojera, las noches de desvelo y excesos, la falta de músculo y por ende fuerza. Al final, me convierto en un animal feroz que solo clama por venganza, en un ser cuya sed de sangre se asemeja a la que poseen los místicos y cuyo único pensamiento es dañar. Ni siquiera matar porque la muerte es fácil, rápida y eterna. En cambio, el dolor es agónico, largo, maravilloso. > Casi puedo escuchar decir a mi hermano. &

