—Gracias. Y lo agradezco en serio. —Un placer —el tono del vampiro se vuelve juguetón— ¿Ahora me dirás por qué no luchaste? Bufo, exasperada, no tengo ganas de hablar de mi instinto s*****a quien llega a ganarle a veces al de supervivencia. —No soy montera —intento limpiar la sangre de mi hermano con mi playera—. Lo fui, pero tiene años que no. No he entrenado. —Estabas tirada, solo debías correr. Este vampiro comienza a irritarme ¿Qué le importa? Todavía si fuéramos amigos lo entendería, pero es un enemigo. ¡Un enemigo! Estamos conviviendo con el enemigo. —Entré en pánico. —Algo malo para una ex montera. —Ex montera y todo, pero aún sé clavar una estaca en sus podridos corazones —decreto, enfadada—. Podrías ser el que me haga recordar mis entrenamientos pasados. El vamp

