Dos años después. —¡Zy! —grite con todas mis fuerzas desde la planta baja. No recibí respuesta alguna, aunque todavía escuchaba el piano sonar. —Maldición. Me dirigí a la cocina en busca de detergente para limpiar el desastre. Me coloqué los guantes, frustrada. Me puse de cuclillas y empecé a frotar la alfombra marrón que había sido manchada por la cosa pequeña que me veía desde su cama. —Sino fueras tan bonita —refunfuñe en voz baja, viéndola. Con suerte la terminé de limpiar. Zy me convenció de adoptar una cachorra, casi que se ponía de rodillas al pedírmelo, y aquí estaba yo, limpiando la mancha de popo sobre la alfombra. Levantándome sentí la madera de la escalera crujir, deslice la mirada hacia esa dirección, él bajaba con mucha tranquilidad y naturalidad que quería lanza

