Los días transcurren con una calma tensa. Aunque las amenazas han disminuido desde que hablé con Sheyla, siento que algo grande está a punto de suceder. Es como si el enemigo estuviera replegándose, estudiándonos en silencio, esperando el momento exacto para golpear de nuevo. No puedo sacudirme esa sensación, esa certeza de que nos observan de cerca, demasiado cerca. Sheyla, por su parte, se ha convertido en mi mayor aliada. A pesar del peligro, ella se muestra cada día más fuerte, decidida a no dejar que esta sombra oscura nos aleje. Hemos aprendido a movernos como un equipo, anticipándonos a los posibles ataques. Y, sin embargo, la amenaza permanece latente, como un monstruo acechante bajo la superficie. Una noche, después de una intensa jornada en el trabajo, decido invitarla a un lug

