El silencio del bosque me envuelve mientras camino solo, cada paso, se escucha entre los árboles. Mi respiración es pesada, y siento que la tensión me carcome. Sé que estoy aquí buscando respuestas, pero también soy consciente de que mi ausencia en la cabaña puede inquietar a Sheyla. Sin embargo, me niego a regresar con las manos vacías. Estoy decidido a terminar con esta sombra que se cierne sobre nosotros. Reviso mis alrededores, observando cada rincón, buscando algún rastro, una señal de quién podría haber estado siguiéndonos. Mis pensamientos son una mezcla de rabia y desesperación, y una voz en el fondo de mi mente me repite lo mismo una y otra vez: “No pueden quitártela, Pablo. No pueden.” Sin embargo, después de una hora, no encuentro nada. Solo el frío del bosque y el silencio. M

