Los Fortunato entraron a la sala principal de la mansión. Victor se encontraba molesto, le arrebataron su trabajo, su casa, la vida que formó para venir nuevamente a la casa que era su prisión, en donde siempre le hacían sentir culpable por no ceder en lo que el resto esperaba de él. Pero ya no era un niño, aquel niño que guardaba silencio cuando sus padres lo castigaban, esa determinación se la dio el amor tan intenso que sentía por Amelia, era ella la que le otorgó alas para volar y escapar de esa jaula. Agustín no sabía que decir o como tratar a su hijo, pero ya habían pasado casi 3 años desde que se marchó y no podía dejar pasar más el tiempo. — Víctor... Él lo interrumpe antes de que diga algo más. — Bueno, aquí me tienes... te esforzarte mucho para traerme de regreso, solo vine a
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


