Capítulo 15

2333 Palabras
Víctor entra en el despacho de su padre. Ya era el atardecer, y él estaba revisando la contabilidad de las minas. — Padre, quiero ir ahora al burdel — dice Víctor sin pudor. — Hijo, estoy cansado, tú también deberías descansar, nuestro viaje fue agotador — responde Agustín dando un suspiro — No pido que me acompañes, solo dame algo de dinero y voy solo — Pero hijo, te queda tan poco para tu matrimonio, ¿no puedes esperar a tu noche de bodas? — Dijiste que cuando tuviera esas necesidades no había problema. — Si. Tienes razón, deja terminar esto y vamos. Agustín no quería que su hijo fuera solo a un lugar así, temía que lo pudieran asaltar a las afueras, y es que no se perdonaría que algo le ocurriera. Ya por la noche, padre e hijo fueron en carruaje hasta el burdel. Al llegar, Don Agustín solicita atención para su hijo. Ambos fueron recibidos y una mujer se le acerca a Víctor para ser su compañera esa noche, pero él quería a la loba que lo atendió la primera vez. — Hola señorito, no esperaba verlo por aquí tan pronto — dice sonriente la mujer al ver al jovencito. — Bien muchacho vete, te estaré esperando en el salón — Agustín toma asiento en uno de los sillones para beber algún licor. Víctor sube con la loba a la habitación, cuando cierran la puerta, la mujer comienza a desnudarse. — Espera, no es necesario eso — dice rápidamente Víctor. — ¿Acaso quiere que me ponga algún vestido? — pregunta la loba. — No, vengo por otro motivo. La última vez me dijiste que te visitara si quería escapar con mi enamorada, he venido por eso. La mujer lo mira sorprendida y le da una cálida sonrisa de satisfacción. Busca una bata para cubrir su atuendo y se sienta en el borde de la cama para hablar con el muchacho. — Claro que sí ¿cuándo planeas realizar el escape? — Lo antes posible, en tres días a contar de mañana me casaré, tiene que ser antes de eso — Puedo buscar a alguien que los lleve en carrera a una ciudad, de ahí tienen que viajar solos, es para ganar distancia, ya que los buscarán. — ¿A qué hora? ¿en dónde y cuándo? — Mañana... La Loba comienza a darle indicaciones de donde se debían encontrar, como escapar y buenos lugares donde esconderse, a lo que Víctor prestaba atención a todas sus indicaciones, para no perder detalle. — Los burdeles ofrecen hospedajes baratos, puedes alojarte ahí, al menos que tu enamorada le tenga rechazo a esto, pero cualquier otro lugar será mucho más costoso y necesitarás ahorrar — No creo que tenga problema en eso, ella entenderá. Pero esas mujeres ¿no nos traicionarán? — Ya te dije que las lobas protegemos los amores prohibidos, muchas estamos aquí a causa de un amor imposible, desleal o solo falta de alguien que cuide de nosotras, solo esperamos que otra joven no tenga nuestro mismo destino. Cuando hablen con la loba principal del burdel al que vallan, díganle que son enamorados y escaparon, ellas los protegerán. — El problema es el dinero, no tendré como pagarles hasta que empeñe lo que robe de la casa de mis padres. — Sobre eso no te preocupes, tu padre pagará tu escape ahora. — Pero ¿Cómo? — Víctor estaba interesado por eso. — No será agradable para ti y tu padre se llevará una muy mala imagen de ti esta noche, prefiero que no sepas lo que le diré, aún eres inocente con esos temas, pero desembolsará una buena cantidad y otra para que guarde silencio, así que deberemos quedarnos aquí por un buen tiempo para armar la mentira. — ¿Cómo puedo confiar en ti y que no te quedarás con él dinero que te darán y me traiciones contando mi plan? La mujer se levanta de la cama y busca entre sus cosas un broche que estaba envuelto en una pañoleta, regresando y entregándosela al muchacho. — Era de mi madre, es lo más preciado que tengo, ya no me queda nada más que eso, si no estoy mañana en la carreta con el que los llevará y no te doy el dinero, te quedas con él. Víctor mira el contenido del paño y adentro estaba un broche en forma de mariposa, con una esmeralda pequeña, lo cubre nuevamente y asiente con la cabeza. Pasaron aproximadamente dos horas, cuando al fin bajan de la habitación. Víctor tenía todo claro para escapar con Amelia de manera segura. Encuentran al Señor Fortunato durmiendo en el sillón, el sueño lo venció por el exigente día que ha tenido, así que Víctor delicadamente lo despierta. — Papá, ya tienes que pagar. Agustín se frota los ojos y lanza un bostezo, mira el reloj de pared y ya era muy tarde, se levanta y busca su cartera. — Bien ¿lo mismo de siempre? — pregunta Agustín revisando el dinero que traía consigo. — No señor, aparte de la tarifa habitual, son $50 extras Agustín mira con sorpresa a la mujer y traga saliva. — ¿Que? Eso es demasiado, entiendo que el muchacho estuviera bastante tiempo, pero lo que me pides es un robo — No es el tiempo que estuvo, sino lo que pidió señor... ya no podré seguir trabajando esta noche y creo que no podré trabajar en varios días. Agustín mira sin convicción a la mujer, pero se acerca a ella para que le pueda susurrar al oído, sobre las atenciones que pidió su hijo, ya que otros ahí estaban atentos. Cuando la mujer comienza a hablar, Agustín abre mucho los ojos, ya que está le contaba de varias perversiones y otras cual nunca se habría imaginado. — Ya mujer, no hables más — dice Agustín con repulsión y mira a su hijo — ¿Lo que dice esta mujer es cierto Víctor? — Solo págale papá y vámonos El señor Fortunato no podía creer que su hijo tuviera tales gustos, siente que su corazón lloraba y estaba desilusionado. Saca un billete de $50 y otros 50 céntimos para pagarle a la mujer. — También me gustan las propinas señor, mi memoria es imaginativa y a las muchachas les gusta escuchar estas cosas extrañas — Susurra la loba. Agustín saca nuevamente la cartera y paga $5 extra — Vamos señor, yo creo que puede hacerlo mejor — reclama la loba al ver aquel billete. Agustín le lanza una mirada de fastidio a su hijo y termina dándole lo que tenía, que en total sumaba $70. Esa cantidad era demasiado, incluso para un hombre como el señor Fortunato, pero prefería pagar eso a que su familia sufriera una humillación. — Gracias señor — dice la mujer, guardando el dinero en su escote, luego mira a Víctor — tu jovencito, vuelve cuando quieras, ya conozco tus gustos Los Fortunato salen del burdel, mientras la loba le hace una seña a Víctor para que tenga confianza de que todo saldrá bien. En el interior de la carroza, Agustín estaba preocupado por su hijo y lo que le ha hecho a esa mujer, no podía creer que su niño tuviera tales perversiones. — Víctor... eso que has hecho no es de alguien decente, quiero que el día antes de la boda te confieses con el sacerdote. — Si papá. — Tampoco le pidas a tu esposa hacer esas cosas y trata de controlarte, por favor hijo trata de que eso no vuelva a ocurrir — Agustín no podía ocultar la desesperación en su voz. — Solo fue una vez, después de casarme no volveré donde las lobas, no estaré con ninguna otra mujer que no sea mi esposa y la trataré con respeto, es una promesa — responde Víctor para calmar a su padre. Él no estaba preocupado por lo que le habrá dicho la loba, solo pensaba ahora en la huida con Amelia, presionado el broche que tenía en su bolsillo, ese era su boleto de su libertad. *** Víctor durante la mañana prepara su huida, busca cosas en el ático para empeñar, pero todo lo que había ahí, eran cosas que podrían darle muy poco, así que comienza a buscar joyería en la habitación de su madre, pero se sentía mal robándole a ella. Busca en su habitación y comienza a guardar en un bolso, finas pañoletas de seda, colleras, su reloj de bolsillo que le dieron sus padres en algún cumpleaños, entre otras cosas. Cuando tenía suficiente, lleva a escondida el bolso al Jardín principal y lo oculta entre las plantas, cercano a su lugar de escape de esa noche. Ya por la tarde después del almuerzo, Víctor buscaba una salida menos dolorosa a este problema con su padre, para él también le era difícil alejarse de todos y abandonarlos, así que entra al despacho en donde estaba trabajando e intenta por última vez hablar con él. — Padre, después de visitar las minas de carbón, te sentí más unido a mí. Te tengo gran aprecio y admiración, deseo que puedas escucharme. Agustín miraba informes de las minas, ya que pronto tenía que salir donde uno de sus socios para una reunión, pero se sentía conmovido al ver a su hijo que desea desahogarse. — Si hijo, ven siéntate ¿Ocurre algo? — Papá, estoy profundamente enamorado de una mujer, es por eso que mi alma llora al saber que tengo que casarme con otra que no quiero. Por favor padre, recapacita... si me ayudas, ya nunca deberás preocuparte por mi, trabajaré contigo, mejoraré la compañía... Agustín le interrumpe, haciendo un gesto con la mano para que no siga hablando. — Víctor, ya sé que estás enamorado de Amelia, pero ya te he dicho esto y lo hablamos muchas veces. Lo lamentable en nuestras vidas, es que no tenemos derecho a enamorarnos, eso nos hace desgraciados. — Pero al menos podría ser feliz sin pensar en los intereses de otros — Hijo... yo te entiendo y con el paso de los años comprendí lo que tú no ahora. Aún estás saliendo del cascarón y no te has dado cuenta de lo crudo que es este mundo Víctor tenía los ojos con lágrimas, pero no quería llorar, su padre no quebrará ese maldito compromiso, todo era inútil. — ¿Y qué hago con este amor? ya traté de olvidarme de ella y no puedo — Conoce a tu esposa, trata de enamorarte de ella, puesto que no tiene la culpa de casarse con un joven que no la quiere. Si a pesar del tiempo tu amor es más fuerte, ya es decisión tuya tener a esa joven como una amante. Aquello que le dice su padre como una solución, enfurece a Víctor, haciendo que no pueda contener su sentir. — ¿Me estás diciendo que le dé una vida de humillación a la mujer que amo? — pregunta Víctor amenazante. — Ya no tengo nada más que decirte — aquel tono en la voz de Víctor, Agustín sabía que se volvería en una pelea. — Acaso esta decisión que tomaron los abuelos en tu vida, ¿no querías cambiarla? ¿ser feliz con Celenia y no darle este sufrimiento a mi madre? — YA BASTA VÍCTOR... DESDE CUANDO ERES TAN INSOLENTE CONMIGO, NO AGUANTARÉ TUS FALTAS DE RESPETO. — Grita Agustín furioso. — Yo no le haré eso a Amelia, no puedo ser inconsecuente y dañar a dos mujeres porque no fui capaz de decir que no. Si quieres desherédame, puedes hacerlo. Me dices que el mundo es cruel, pero esto es parte de nuestro mundo y tú eres cruel conmigo y con la mujer que dices que amas, tú puedes hacerlo, pero yo no haré lo que tú le hiciste a Celenia... Agustín lo calla con una bofetada por hablarle de aquello que era una herida para él. Cuando le daría un segundo golpe, él le toma la mano para impedírselo y lo retenía con fuerza. — Golpéame lo que quieras, pero eso no quitará mis convicciones, ya no soy un niño que puedes acallar porque no te gusta escuchar la verdad que tengo que decirte — dice Víctor con fiereza. — Pero sigues siendo un niño, desde que vives en mi techo, come de lo que aquí se te da y gastando el dinero de tus padres — respondía Agustín con seriedad. — Dejaré de hacerlo, trabajaré y buscaré algún lugar para vivir... — Ya Víctor, estoy cansado de esto, no quería hacerlo, pero me obligas. Amelia se va de esta casa y si continúas con todo esto y no te casas este domingo, también expulsaré a toda su familia, esa será solo tu decisión — ¿Castigarás a gente inocentes porque yo no hago lo que tú quieres? Eres una mala persona, un tirano — Víctor da un suspiro y calma sus emociones, pero la amargura le invade, haciendo que derrame una lágrima — yo siempre quise ser como tú, desde niño te admiraba, pero me has desilusionado. — El que me ha desilusionado, eres tú Agustín tira de una cuerda cercana a la venta para hace sonar una campana, pasa un minuto y entra Celenia. — Llamó señor... — Ve a buscar a Amelia, mi hijo ha decidido con sus acciones, que ella no debe seguir trabajando en esta casa — Si señor — responde el ama de llaves, sale y cierra la puerta. — Tu también retírate Víctor... ya terminamos de hablar Víctor se gira, pero antes de retirarse, le dice una última cosa a su padre. — Papá, a pesar de todo... yo te quiero y siempre te querré... Cuando Agustín ve salir a su hijo, se sienta en su silla, se sentía mal por todo lo que le dijo, pero Víctor aún no entendía todo lo que a él le costó tanto comprender, y que le obligó a abandonar a la mujer que amaba.
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