Recordé el 2 de abril. Ese día entraron a trabajar nuevos empleados de limpieza, lo sé todo porque me gusta estar al tanto de lo más mínimo en mi empresa. Viola me dijo, ya que usa su tiempo libre para chismosear conmigo, que una chica del personal de limpieza de mi piso, hizo derramar sobre el escritorio de un ejecutivo su café, recuerdo su nombre solamente porque es corto, Emma. Cuando el hombre la quiso reprender otra chica se metió y fue la que recibió todo el mal trato. Fue el difunto Jack Morrison quien abogó por ellas e insistió en que no fue culpa de las chicas, como había otros problemas lo dejé pasar también. Ahora sé que esas chicas eran Sydney y su compañera.
El resto de la cena sucedió rápidamente. Sydney insistió en que se podía ir sola a partir de ahora, hubiera querido meterla a mi auto y hacer una locura como un secuestro, porque ella era la chica más hermosa y misteriosa que había conocido hasta la fecha. Además, Peyton la quería mucho, eso era lo mejor de todo.
Entonces lo decidí, Sydney no lo sabía todavía, pero pronto estaría a mi merced para conocerla mejor.
—Café, mucho café, ¡quiero un maldito café ahora mismo! —golpeé mi escritorio antes de cerrar la línea telefónica entre el puesto de Viola y el mío.
Estaba de mal humor desde que contraté a ese investigador personal y averiguó casi toda la vida de Sydney Cole. No había conocido a alguien con una vida más complicada y difícil que la de esa chica, y todo eso debió hacerme retroceder, alguien así estaría dispuesto a hacer cualquier cosa por dinero. Sin embargo, sabía que ella no era de esas personas, no tenía forma de explicarlo, pero Sydney era diferente, y esos tres trabajos que tenía a la semana eran prueba de ello. Ella era hermosa, podía conseguir el dinero como Elena lo hizo conmigo. Pero no, y eso me hacía ansiarla más, ¿por qué se esforzaba tanto? ¿Qué quería lograr?
Es por eso que no dormí anoche leyendo su historial familiar e incluso el médico. Sí era cierto que no le gusta el merengue de las tartas, pero quizá se deba a que es alérgica a los huevos.
Viola apareció un par de minutos después en mi oficina con el café que exigí. Cuando dejó la taza sobre mi escritorio y se sentó frente a mí, su expresión era de preocupación y curiosidad.
—¿Peyton tiene otro no cumpleaños?
Sonreí, y cuando me vio sonriendo ella también lo hizo.
—Deberías calmarte, últimamente estás de un humor pésimo—me sugirió ella.
Desde la noche en que cené con Peyton y Sydney había pasado una semana. Cuando pasaba cerca de donde ella estaba solo actuaba como si no la recordara, en fin, actuaba como un imbécil. Pero no sabía cómo hacer esto. Normalmente las mujeres corrían hacia mí, no es que me sienta orgulloso de eso, pero es por lo mismo que nunca tuve que esforzarme por una mujer. Sydney actuaba como si no le importa en lo más mínimo que cenó con el jefe de la empresa en donde trabaja, y me ignoraba tanto como yo intentaba actuar que no me molestaba eso.
Viola suspiró y levantó su Tablet para decir mis responsabilidades de hoy. Y la escuché medianamente, porque el 90% de mi atención estaba centrada en Sydney y sobre lo que estaría haciendo ahora mismo.
—Buenas noticias—anunció Viola—, hoy tienes libre la hora del almuerzo, y ya casi son las 12.
Era la mejor noticia que me había dado Viola hasta el momento. Ahora iba a hacer algo que probablemente dejaría desconcertada a mi curiosa amiga y asistente personal.
—Viola, dile a la señorita Sydney Cole que venga a mi oficina—ordené sin levantar la mirada de la pantalla de mi laptop.
—¿Hablas de la chica nueva de limpieza?
¿También la conocía? Ignoré ese detalle y asentí sin dar ninguna explicación. ¿Cómo es que las personas a mi alrededor la han tenido tan cerca y yo no la conocía? Viola no contestó, así que la miré.
Viola estrechó sus ojos.
—No la vas a despedir, ¿verdad? Ella no ha hecho nada malo. Además, ¿desde cuándo te encargas de despedir al personal de limpieza?
—Solo mándala a mi despacho.
La escuché resoplar en voz alta con toda la intención.
—Bien.
—Ahora mismo.
Viola asintió con una mueca infantil y salió de mi despacho. Esta era mi oportunidad, antes de que terminara el almuerzo lo sabría por completo.