Capítulo 21
Agradezco tanto que Elías no me haga ninguna clase de pregunta, él solo me mira asombrado, pero poco después sonríe, aunque la duda lo absorba, mientras que el señor Abernathy parece estar molesto debido a la respuesta que le di a esa señorita.
— ¿Él es tu esposo? Ah, Vaya sí que mi amorcito les paga muy bien. Además, esta ropa es exclusiva sí que aman a ese bebe. Ojalá y así Gilberto ame a nuestro hijo el cual pronto estará en nuestros brazos ¿Verdad bebé? —ella acaricia la barbilla de su prometido.
— ¿Qué dices?
—Ay amor, me refería a cuando termine mi trabajo en estados unidos eso será muy pronto.
¿Por qué el señor Gilberto no deja de mirarme así? ¿Qué quería que hiciera? Aprieto mis labios volteando mi mirada hacia a otro lado. Un silencio empieza a invadirnos a todos en este lugar, debido a eso aclaro mi garganta viendo a Elías, quien también me sonríe con amabilidad.
—Bueno nosotros tenemos que hablar —comento caminando con Elías.
—Un momento, Elías tenía que hablar conmigo. Aitana entra tu primero y pide a Matilde que te prepare comida, enseguida voy—él ordena con seriedad mientras que su prometida se pone de puntitas para darle un beso en la mejilla.
Pensé que esto no me incomodaría sin embargo me incomoda muchísimo, tengo que aceptarlo me molesta que lo bese y hasta que lo toque. Pero eso nunca nadie lo sabrá, ellos dos pronto se casarán y esa es la realidad, es mejor que deje de tener esos pensamientos que solo provocan que me confunda.
Vuelvo a la realidad en esa que Abernathy está frente a nosotros, de pronto él nos separa a mí y a Elías dejándolo atrás. El señor me toma de la mano y me lleva hacia el campo de girasoles. No puedo seguir sus pasos tan apresurados por lo tanto me detengo viéndolo molesta.
— ¡Oiga! ¿Qué le pasa? No puedo seguir sus pasos —me suelto de su agarre.
Él no responde nada solo se atreve a cargarme en su hombro. ¡Ay por favor! Esto es peor que tratar de seguir sus pasos, desde ahí arriba le suplico que me baje sin embargo no lo hace hasta que llegamos, para ese tiempo estoy muy molesta.
—No vuelva a cargarme como un costal de papas —lo apunto con el dedo índice.
Respiro agitada dándome cuenta de que estamos en el campo, pero en una pequeña sala, la cual está decorada tal y como el lugar con techo de flores. Aunque me encuentro indispuesta estoy segura de que este lugar no estaba antes.
— ¿Por qué dijiste eso? Ahora Elías será el papa ¿No quieres que también sea el profesor de equitación? ¡No! Ya se… El del correo.
— ¿Acaso me está queriendo decir que soy una facilita? Si dije eso es porque su Aitana es muy preguntona —digo demasiado molesta.
No quiero estar más ahí no me importa que esos sillones y techo sean hermosos. Me dispongo a caminar lo más rápido posible no obstante soy alcanzada por él quien se pone frente a mí. Gestuda y mal humorada lo hago a un lado y sigo caminando.
Abernathy no se da por vencido, en un agarre me toma de la mano y me atrae hacia atrás. En consecuencia, topo con su pecho duro y ejercitado, él agacha la mirada sobando mi frente preguntando si estoy bien, luego de eso pone su mano en mi mejilla algo que me sorprende aún más.
—Tranquila… No te alteres, perdón por decir eso—muestra una mirada fija—No quise ofenderte, lo que pasa es que ya no sé qué hacer con esta situación, yo no esperaba que Aitana viniera.
—Pues Elías será el padre del bebe solo hasta que esa señorita se vaya, lo único que busco es no meterlo en más problemas y ya —me alejo de su mano.
—Está bien pero cuando vayas a tomar una decisión asì házmelo saber antes —suena más tranquilo.
—Está bien. Ande vaya con su prometida, sino va a sospechar, yo… Me quedare en ese lugar que no había visto antes—apunto hacia esos sillones.
—Si. Los acaban de poner, además tienen más sombra que las bancas al igual que compartimientos, cuando quieras puedes venir solo no vengas en la tarde ni en la noche es peligroso.
Mostrando una sonrisa asiento para luego bajar la mirada hacia el suelo.
Narra Gilberto...,
¿Qué rayos me pasa? ¿Por qué mis manos la buscan cada que pueden? Odio no poder controlarlas cuando ella me causa tanta ternura, quizá sea eso una ternura solamente y es porque está embarazada de mi hijo, es natural que quiera protegerla.
Me volteo hacia Camila la cual está sentada observando esos girasoles. Es tan feliz con solo verlos, su sencillez es perfecta que no pude seguir dudando de ella. Una sonrisa me invade al ver esa escena luego de eso me volteo para avanzar hacia la hacienda.
Con Aitana…
—Ay Matilde quítale la cebolla, ya sabes que no me gusta —hace un gesto de disgusto el cual borra cuando me ve.
—Hola. ¿Qué te parece la hacienda? La compre justo hace unos meses.
—Es lujosa y grande pero no es lo que considero para vivir juntos, está lejos de la ciudad y no hay antros, así que olvídalo como opción, tal vez la dejemos para los fines de semana—ella viene hacia mí para abrazarme—Amor te siento tan distante, siento que no te agrado que viniera, me recibiste con mucha seriedad, pensé que te alegrarías—se aparta de mi mostrándome un puchero.
—No es eso amor, es que… Tengo mucho trabajo —tomo sus manos las cuales beso.
—Más te vale porque tengo mucho esperando a volver a verte la última vez fue hace un año—Aitana me lleva hacia el comedor.
Sigue Narrando Camila…
Amo el aire de este lugar, es tan relajante me digo a mí misma recargándome en ese sillón, este paisaje es perfecto es que los girasoles también lo son. Inhalo y exhalo un par de veces hasta que la voz de Elías me saca de mi relajación.
Volteo a verlo y está frente a mí, por consiguiente, lo invito a sentarse conmigo. Claramente él accede enseguida.
—Es muy bonito este lugar—cierro mis ojos escuchando el viento y el sonido de los pajaritos.
—No más bonito que tú—menciona de pronto.
—Gracias Elías eres un buen amigo. Por cierto, quiero aclarar lo de hace rato como sabes nadie puede saber que este bebé es de…
—Del señor Gilberto, eso lo sabemos todos, y no te preocupes no podemos decir nada. Todos sabemos que esa señorita es la prometida así que nadie te meterá en problemas.
—Entonces me atreveré a pedirte que te hagas pasar por el padre de este bebé mientras ella se va. Lo que pasa es que…
—No me tienes que explicar nada, lo hare con mucho gusto, además es un sueño...
—¿De qué hablas? —sonrio nerviosa.