Capiulo 14
En el pueblo….
Que genial es el centro de este lugar, esa vez que vine nunca pensé que hubiera tantas tiendas, con una sonrisa dibujada en mi rostro veo los colores de cada hilo, todos son hermosos, pero me estoy enfocando en los de niña, siento que será una así que me voy a ir por tonos pasteles.
Varios minutos más tarde…
Por fin he terminado de ver esos hilos así que con ellos en mis manos y brazos camino hacia el señor Abernathy quien en cuanto me pongo frente a sus ojos, me ve un tanto confundido, su mirada está puesta en los hilos que llevo conmigo misma. Ver su sutil gesto de sorpresa hace que dirija mi mirada hacia donde miran sus ojos, ahí mismo me doy cuenta de que llevo una cantidad exagerada de hilos por lo tanto aclaro mi garganta.
—Ok creo que me he excedido. Lo siento devolveré todos solo me quedare con dos—sonrío nerviosa.
Decidida me doy la vuelta para ir hacia el pasillo de los hilos, no obstante, soy alcanzada por el señor Gilberto quien me detiene.
—Espera, no tienes que devolverlos—dice tan enserio que me hace sentir culpable por haber tomado tantos.
—Bueno es que usted dijo que no debía tejer y aun así me dio la oportunidad de venir a comprar y creo que me estoy aprovechando y no me gusta eso, lo siento—menciono con pena.
—No te preocupes. ¿Por qué no haces una cobija? —él rasca su nuca.
Vaya sí que me ha sorprendido su propuesta, siento que él está cambiando su forma de ser conmigo o quizá estoy alucinando o tal vez son ideas mías. Muevo mis pupilas evitando concentrarme en su mirada.
Luego de eso sonrío sutilmente.
—Pero usted…
—Es una petición mía, sé la daré yo al bebé ¿De acuerdo? Es más, te pago ahora mismo
—saca su billetera.
¡Dios! Se ve tan sexi sacando su cartera del bolsillo de su pantalón que solo me dedico a mirarlo durante algunos segundos, él extiende su mano ofreciéndome unos billetes. Sin embargo, no reacciono hasta que alguien me empuja por lo que todos los hilos se me caen al suelo.
Debido a eso me agacho para levantarlos, no contaba con que una señora empujara mi trasero hacia delante, solo veo con susto el suelo el que por más que quiero evitar no puedo yo misma, pero si el señor Abernathy que no sé cómo ha detenido esa terrible caída, lo único que sé es que ahora estoy nuevamente perdida en esos ojos.
— ¿Estas bien? ¿No te lastimaste? —me reincorpora sin dejar de verme.
—Si. Él bebe está bien no se preocupe—expreso con tranquilidad.
— ¿Y tú? —frunce el ceño
— ¿Yo? —Me apunto a mí misma—Yo… Yo estoy bien—dejo de mirarlo para tratar de levantar los hilos sin embargo él me detiene diciendo “Yo lo hago”
Más tarde…
Hemos salido de la mercería por un momento pensé que ya nos iríamos, pero no, él ahora está parado en la puerta de un restaurante.
— ¿Tienes hambre? —pregunta acomodando los nudillos de su saco.
—Mejor como en la hacienda, eh debe ser muy caro, mejor vámonos—aprieto las agarraderas de la bolsa.
El señor Abernathy viene hacia mí para tomarme del brazo y llevarme hacia dentro de ese bonito restaurante, creo que de esta zona es el único así de bonito. Él desliza una silla y me invita a sentarme, sinceramente nunca llegue a pensar que me invitaría a comer, digo siempre se la pasa nombrando que es alguien comprometido que me siento extraña estando a solas con él.
—Señor iré al baño ahora vuelvo—me levanto de la silla y voy hacia el baño.
En donde al entrar me veo al espejo el cual evidencia lo tan sonrojada que estoy en estos momentos, claro cómo no, si estoy echa un manojo de nervios. Nunca he mantenido una conversación seria con ese señor, ni siquiera de trabajo de lo único que hemos hablado es del bebé y no pienso hablar de eso porque siempre se enoja, así que es mejor quedarme callada. Convencida de eso me salgo del baño para llegar a la mesa en donde vuelvo a tomar asiento. Observo como él está entretenido mensajeando con su celular el cual deja sobre la mesa cuando nota mi presencia.
Seguido de eso veo como desdobla una servilleta la que pone sobre sus piernas.
Varios minutos más tarde…
Por fin la comida ha llegado por lo que en silencio me dispongo a comer, esta comida esta tan deliciosa que me estoy saboreando cada bocado que se derrite en mi boca, mientras que él come tan finamente que devorar la comida de esa manera me hace sentir incomoda. Creo que debo intentar igualarlo sino lo dejare en vergüenza, por unos segundos observo su elegancia la cual imito hasta que retrocedo cuando su mirada se encuentra con la mía, bruscamente me retracto haciendo que el vaso de vidrio con bebida se esparza hacia él mojando toda su camisa.
Sorprendida miro eso a la vez que menciono “Ay no puede ser” “Lo siento” mientras que me levanto tomando una servilleta de la mesa con la cual empiezo a limpiar dándome cuenta de que debido a lo mojada que esta se logra ver sus cuadros marcados en su abdomen.
Él toma mis manos levantándose del asiento.
—Tranquila no pasa nada —traga saliva conteniéndose de darme un gran regaño.
—Yo le lavare su camisa, se lo prometo, lo siento de verdad—lo veo con remordimiento.
—Es mejor que nos vayamos—suelta mis manos para sacar su tarjeta, caminar junto conmigo hacia la caja y pagar.
Fuera del restaurante, veo que le hace una señal al valet parking quien enseguida le trae su coche. Él recién va abrirme la puerta del copiloto cuando de pronto una señora muy amable nos saluda.
—Hola mucho gusto. Tú debes estar embarazada, lo veo en tus ojos, y él es tu esposo se ve demasiado enamorado, tanto que daría la vida por ti—esa señora me hace reír a carcajadas.
—Claro que no señora, nosotros…
—Nosotros ya nos vamos—él abre la puerta.
—Muy bien. Sé que es duro de aceptar lo que sientes. A mí no me engañas querido soy adivina. En fin, solo quiero recomendar el estudio de mi hija, en donde dan Pilates prenatal —me da un folleto.
—Gracias señora—le sonrío con amabilidad en tanto entro al coche.
En donde un silencio incomodo nos invade a ambos. Al parecer el comentario de esa señora lo ha malhumorado, lo digo por lo serio que se ve al volante además de que le tire el agua encima, me siento tan terrible que mejor me callo la boca antes de ponerlo de peor humor. Mejor en vez de eso me dedico a leer ese folleto.
Esas clases se ven muy interesantes, creo que tomare algo de mis ahorros para ir a tomar algunas. ya que estoy segura de que al bebe no le caerán nada mal.
En la hacienda…
El señor Abernathy se estaciona en ese lugar con techo de flores, el cual está algo alejado de la hacienda, pero no más que el campo de girasoles. En fin, si me toca caminar así lo hare, sin decir más solo tomo la manija de la puerta para bajar enseguida.
Llevo mis pasos hacia la hacienda y mientras camino me dedico a mirar las flores y árboles que hay en cada paso que doy.
— ¿A dónde vas? —me toma del brazo.
—A la hacienda. Pensé que iría a su oficina—lo miro fijamente.
—Ven quiero hablar contigo, tengo muchas cosas que decirte—me dice en modo tan serio que me provoca inseguridad.
¿Acaso volví a meter la pata? Frunzo el ceño de solo pensar en ello.