Capitulo 27 Sigo viendo sus ojos por un momento más, antes de que accediera. No sé si este bien que acceda a su petición, lo que, si es que sus ojos están llenos de súplica, una a la que no puedo negarme. Él me muestra una sonrisa sutil en esa que se logra apreciar muy poco esos hermosos hoyuelos. Sin dejar de verme mete su mano por dentro de la blusa de mi pijama, las yemas de sus dedos se deslizan delicadamente sobre mi piel a lo que una oleada de sentimientos me recorre por todo mi ser. Su mano tibia me relaja eso es algo extraño para mí, ya que aún no hay panza, pero si una conexión, esa misma que sentí al roce de sus dedos, es como si el bebé supiera que su padre está tocándolo. Noto como los ojos del señor Gilberto se iluminan, cada vez más que mete su mano al fondo de mi pantaló

