Capítulo 42 Él es tan fuerte que me carga como si pesará igual que una pluma, sube las escaleras sin siquiera hacer alguna expresión de cansancio. Debo admitir que ese jalón fue algo incómodo como también debo aceptar que me duele un poco la cintura. El señor Abernathy me deja sentada sobre la cama, veo como sale sin decir nada. Con la mirada fija en la puerta así me quedo por un momento, hasta que estoy a punto de meterme a la cama a descansar, sin embargo él vuelve con el botiquín sacando algunos botes de ahi. Enseguida me pide permiso para colocar un poco de ungüento sobre mi espalda baja. Mi respuesta es verlo fijamente a los ojos, dejarlo cumplir con su petición sería tan vergonzoso. —Por favor Camila necesito ponerte un poco de pomada para evitar cualquier dolor—dice abriendo

