Javier Una maldita molestia, entrometida, siempre empujándome y acosándome. ¿Quién se creía para presionarme a hacer cosas que no quería? Y además, ¿qué demonios le importaba si abría ese maldito sobre o no? Nada. No le importaba en absoluto, y tendría que recordárselo cada vez que lo olvidara y cruzara la línea. Era mi decisión abrirlo y cuándo hacerlo, y no permitiría que me obligaran antes de estar listo. Había dejado el mundo corporativo precisamente por eso, y no iba a permitir que una niñera me forzara la mano en mi propia casa. Ya me había hecho salir de la cabaña para partir leña, porque ahora que las otras dos habitaciones estaban ocupadas, necesitaría más. La cabaña estaba conectada a la red eléctrica, pero nada superaba a la chimenea en una fría noche de montaña. Partir leña

