Patricia Mis respiraciones empiezan a asentarse poco a poco mientras el clímax se disipa, y las punzadas repartidas por mi cuerpo se vuelven más claras cuando la adrenalina baja. Esa fue mi primera vez. Sergio está recostado un poco sobre mí y luego se retira despacio. El vacío es ligeramente desconcertante, y mi centro late con fuerza. Por un momento, el mundo gira mientras un torbellino de sensaciones atraviesa mi mente. Me arde el cuero cabelludo donde Sergio me jaló del cabello, la garganta me raspa un poco, y hay un ardor placentero extendiéndose por mis glúteos que coincide con la sensación profunda dentro de mí. Me incorporo desde su escritorio, con papeles pegándose a mi piel sudada, y me apresuro a quitármelos. En el silencio de la habitación se cuela una tensión incómoda, y

