No me dio tiempo a decir más. - ¡¿Cómo se atreve?! – gritó el que se había arrojado hacia mi amiga. Su media melena lisa y morena estaba suelta y se dividía en dos por medio de una raya rectísima y perfecta que cruzaba toda su cabellera y que la dejaba caer sobre su cara a modo de cortina entreabierta. Aún así, eso no impidió que sus agresivos ojos rojos escarlata resaltaran sobre esa tez blanca como la cal. Pero no eran sólo esos ojos los que nos amenazaban. Los otros tres encarnados pares no eran menos asesinos. En cuanto vi cómo los cuatro vampiros se abalanzaban hacia nosotras, me levanté de un salto vertiginoso, tirando de Helen por su brazo para cargarla a mi espalda, y eché a correr a la velocidad del sonido. - ¡Sujétate bien! – le mandé a mi amiga, agarrándola yo a ella tambi

