—¿Así que tu sueño es conocer Disneyland? —Preguntó Dominik en tono risueño. No lograba entender como esa pequeñita lo conquistó tan rápido. —Es lo que más deseo —contestó la pequeña. —¿Cuál es tu princesa favorita? —Preguntó él. Esa pequeña delante de él le inspiraba una ternura absoluta. —¡Blancanieves y Rapunzel! ¿Sabía usted que ambas son princesas reales de Alemania? —¿Alemania? No lo sabía. Yo soy de Alemania. —Sí, lo supe cuando me habló. —¿Cómo lo supiste? —Mi tía Charlie dice que los alemanes hablan como si tuvieran algo atragantado en la garganta. Dominik rió con ganas. Esa niña era asombrosa. —¡Vaya! Pero que niña tan sagaz —comentó Dominik—. Yo no hablo así. ¿O sí? La niña asintió con la cabeza. —¿Y tú? ¿Donde aprendiste a hablar ingles tan fluido? —inquirió Dominik.

