Aunque no entendiera que era todo eso que sentía, a Dominik le pesaba el alma. Esa mujer que acababa de ver, no era ni la sombra de su inocente y risueña Samanta. En su mirada vio mucha amargura. Sintió que su corazón se hacía pequeñito al recordar ese rostro angelical que vio por primera vez. Esa niña removió un montón de sentimientos dentro de él, con tan solo verla. Saber que ella era su hija, lo hizo sentir muy extraño. Deberías hablar con tu esposa. Ella tampoco es inocente. La voz de Friedrich resonó en su cabeza, torturándolo una vez más. No quería creerlo. No. Dihanna no podía estar implicada en ese vil engaño. Pensar que todo era producto de una mentira de Friedrich, le hizo hervir la sangre de nuevo. Dominik parecía un león enjaulado. Caminaba de un lado al otro, en esa habit

