Las lágrimas cayeron a raudales por sus mejillas. Le costaba respirar. Su corazón latía a prisa, pero sentía que la vida se le escapaba de su cuerpo. No podía creer que una vez más, la sombra de Alan le hiciera daño. El pasado regresó como una bestia voraz, para destruir la felicidad que acababa de encontrar. Secó sus lágrimas con rabia y se dirigió hacia la habitación, recogió su ropa del suelo y se vistió. Necesitaba salir de allí. Recordar la mirada de Dominik hizo que su corazón se partiera en dos. Estaba cargada de decepción y ni siquiera le dio la oportunidad de explicarle, y eso le dolió. Mucho más que todos esos horribles recuerdos. «¿Cómo se han enterado», se preguntó. Los únicos que sabían que estuvo ingresada en Narconon eran Teresa y Carlos. Abrió los ojos con asombro, al

