Samanta no pudo aguantarlo más. Un par de lágrimas rodaron por su mejilla, pero logró ponerse pie con rapidez y retirarse. —¿Sam? ¿A dónde vas? —Preguntó Charlotte. —Disculpen, pero no me siento bien. Saldré a tomar un poco de aire —dijo sin más y salió de allí. Amir intentó levantarse del sofá para averiguar que le sucedía a Samanta, pero Charlotte lo detuvo —Iré yo. Tú sigue viendo el partido. Quiero todos los detalles cuando regrese. Él asintió y sonrió. —¿Sam? —La voz de Charlotte hizo que Sam se detuviera a mitad del pasillo—. ¿Sucede algo? —No te preocupes Charlie. Ya se me pasará. Es un mareo, nada más. —Eres pésima mintiendo. ¿Lo sabes? —Charlotte se cruzó de brazos y la fulminó con la mirada—. Has estado actuando muy extraño desde que Amir puso el partido. Si no te gusta

