Dominik y Friedrich llegaron al Hotel. Ambos caminaron con prisa, evadiendo a algunos paparazzi que estaban en la entrada. Ewald, quien estaba sentado en un sillón del lobby, leyendo una revista y tomando un café, los vio entrar. Se puso de pie y caminó hacia ellos. —Dominik, me acaban de llamar desde… —no pudo terminar la frase porque Dominik le lanzó una mirada gélida y sin decir media palabra siguió su camino hacia el elevador—. ¿Qué le pasó? —Le preguntó a Friedrich. —Lo que temíamos. Le han partido el corazón —contestó y fue tras Dominik. Tuvo que correr para poder alcanzarlo—. ¡Hey! —Si vas a acompañarme, que sea en silencio por favor —espetó Dom. —No tienes por qué tratarme de esa manera. Yo no tengo la culpa de lo que ha pasado. —Estoy muy molesto. La puerta se abrió en el pi

